The Five Continents


Adéntrate en este mundo protegido por The Five Continents, el equipo de superhéroes más grande del mundo. Acompaña a Raymundo mata, un chico que solo quiere pagar la preparatoria de su hermana, uniéndose a la Organización Internacional de Protección contra los Super (OIPS) y sobreviviendo a las adversidades que el oficio conlleva.

Portada de The Five Continents - Novela de fantasía y ciencia ficción
Portada del capítulo 11: Interferencia

Capítulo 11: Interferencia


Lo que parecía una misión sencilla comienza a mostrar grietas. Entre tensiones, señales invisibles y decisiones inciertas, el equipo enfrenta una situación que exige más de lo esperado, donde la percepción y el control ya no son tan claros.


Raymundo se sintió extrañado y confundido, sabía que en el edificio donde vivía, varios de sus compañeros que no conocía estaban ahí, pero se le hizo muy pequeño el mundo al dimensionar que de de los tantos edificios departamentales de la OIPS, el suyo coincidiera con su compañera de equipo.


—¿Quieres… hablar? — preguntó extrañado teniendo a Cynthia frente a él.


—Sólo un momento — dijo apenada. Pero su costumbre la orilló a comenzar a hablar.


—Lo siento, en la misión me congelé y la verdad yo también pienso que lo que hiciste fue arriesgado pero yo… — comenzó pero Raymundo al percatarse que hablaba en voz alta en medio del pasillo, le tapó la boca con la mano y la hizo pasar.


—¡Oye que te pasa! — dijo Cynthia con enfado, haciendo sentir vergüenza Raymundo.


—¡Lo siento! Yo… perdón es que comenzaste a hablar y- y me puse nervioso por los vecinos, pero… — dijo rascándose la cabeza para intentar razonar lo que acababa de hacer.


—¡Vicario es un idiota! — gritó interrumpiéndole y llamando la atención del chico que solo se calló y la miró con sorpresa.


—Shhh — le dijo Raymundo con miedo —Si tú estás aquí, Vicario también… — terminó casi susurrando.


—¡Y que tiene! — Continuó Cynthia —Soy mala para esto, en cada misión me congelo y a veces siento pena con el señor Vicario porque siempre tiene que actuar por mí, pero nunca nadie me había protegido ¿sabes? él solo me dice que actúe y actúe y la verdad su regaño fue una tontería a mi parecer — dijo sin detenerse hasta que paró de golpe para tomar aire y jadear como si hubiera hecho ejercicio.


Raymundo soltó una risita que rápidamente ocultó al verla tan parlanchina, pero solo caminó hasta su cama, sentándose cruzando los brazos y la miró con más confianza.


—En parte siento que tiene razón… ninguna misión debería ser tan arriesgada y menos para nosotros — le dijo con cierta melancolía.


Ella se detuvo por un momento y sintió la franqueza con la que le hablaba Raymundo, por lo que se sentó a su lado, chocando los hombros con demasiada confianza que hizo saltar un poco a Raymundo.


Cynthia se percató del ligero sobresalto y con mirada traviesa y burlesca volteó a ver a Raymundo.


—Nunca habías estado tan cerca de una chica, ¿Verdad? — Le dijo aguantándose la risa, por apenas unos instantes pues soltó una carcajada que hizo que Raymundo volviera a shhtear con apuro.


—No hagas ruido… ¡Y eso no es cierto! — le dijo con un susurro envuelto en reclamo. pero al final terminó soltando una risa de auto burla mientras disimulaba su vergüenza.


Ambos compartieron la risa hasta que se calmaron , Raymundo sintió como por un momento los problemas se despejaban y su cabeza se aterrizaba, aunque el momento no duró demasiado y terminaron viendo al suelo de nuevo.


—Gracias por salvarme, Mundo — le dijo con sutileza, a lo que Raymundo volteó con los ojos muy abiertos.


—Mundo… — susurró con curiosidad.


Se quedó callado, recordando aquel grito en sus sueños desde que estuvo dentro de su propio corazón.


—¡Lo siento! Debí preguntar si te podía decir así, fue mucha confianza de mi parte. El nombre de Raymundo… no es muy común ¿Sabes? y es medio complicado de mencionar por eso pensé que Mundo sería un buen apodo y… — siguió hablando hasta que de nuevo se le terminó el aire.


—No jajaja, está bien, puedes decirme como quieras. — le dijo tratando de calmarla, pensando que la forma en que ella se expresaba demasiado era tierna y que se podía acostumbrar con facilidad a esto.


Cynthia le sonrió sin un atisbo de vergüenza por su forma de ser y sin pensar en nada continuó hablando. Ambos miraron al suelo una vez más, quedándose en silencio a la oscuridad, mientras la luz de la luna entraba en la gran ventana que tenía Raymundo al paso de su cama.


—Eres famoso ¿sabes? No sabía que esperar cuando vi tu nombre en la lista de integrantes de mi equipo… — le dijo ya más tranquila.


—¿Famoso? — preguntó Raymundo confundido.


—El chico que no debía ir a una misión tan grande por su rango — comenzó a decirle de forma teatral mientras dibujaba letras imaginarias con sus manos —¡El primero que debía morir! Jajaja. Suena casi como la profecía de un elegido — dijo bromeando mientras empujaba a Raymundo.


—Oye, ¿Estás bien? — le dijo tras percatarse que Raymundo no reaccionó a su broma y que en cambio tenía la mirada totalmente perdida.


—Sólo tuve suerte… — empezó diciendo, pero luego la imagen de Pherp completamente atravesado por las vigas del edificio le llegó como un destello a su cabeza.


—No… no fue suerte, fue el sacrificio de… — pero se detuvo al momento de sentir que su voz se cortaba.


Por primera vez en mucho tiempo, Cynthia sintió que sus palabras estorbaban más de lo que apoyaban y simplemente se empujó contra el hombro de Raymundo como forma de consuelo.


—Es bueno que no murieras — le dijo de forma torpe intentando no sonar encajosa.


—Si… si hubiera muerto mi familia sería la más afectada… mi hermana se quedaría sin futuro — dijo Ryamundo, pero su mente iba más allá. Pensó en cuál habría sido la reacción de la mamá de Pherp cuando le pudieran haber dado la noticia.


Cynthia entendió la mirada perdida de Raymundo y decidió no intervenir más, sabía que apenas se conocían y que compartir algo tan personal era más un desahogo que un acto de confianza.


—Mi papá está muy enfermo y también necesitan dinero para sus medicinas… mi mamá piensa que estoy trabajando en una estética, al menos eso le cuento… pero soy mala para todo, así que me metí en esto — le dijo con voz dudosa, esperando una reacción.


Raymundo le devolvió la mirada y pensando por un momento en su propia hermana, le acarició la cabeza, el cual era su gesto habitual cuando no sabía como responder, pero si como brindar apoyo.


—Eres valiente. — Terminó diciéndole. —Entonces, no podemos morir jaja.


Raymundo se dió un momento para contemplar la comedia dentro del tono que estaba llevando su vida y el sentimiento que le evocaba esa plática entre la oscuridad.


—Y no lo haremos — le respondió Cynthia. —Intentaré no ser una carga para tí. 


Raymundo le levantó el puño, acto al que Cynthia emocionada le respondió con rapidez, compartiendo ambos una sonrisa melancólica, pero cómplice y Raymundo sintiendo por primera vez que no estaba solo.


La mañana siguiente fue más alentadora y por primera vez en mucho tiempo, salió de su casa siendo consciente de lo que estaba haciendo, sin sentir que estaba en un estado de manejo automático.


La plataforma de teletransporte lo mandó a un nuevo destino tras seleccionar su próximo objetivo. El transporte los llevó hasta el último punto donde se observó al sospechoso que no era otro sino la Alameda Central, Ciudad de México.


—Woow, esto es más grande que… — dijo sorprendido mirando lo gigante que parecía ser el parque donde se encontraba y la cantidad de personas que se podían observar.


—¡Llegaste! — gritó con emoción Cynthia mientras corría para saludarle golpeando su hombro.


—Hola jeje — dijo apenado Raymundo mientras buscaba a Talavera.


—Vicario aún no llega, seguramente pasó a renunciar luego de la vergüenza de ayer o peor, después de que apenas unas horas, PokerFace escapó de nuevo, seguramente pasen unos días antes de verlo de nuevo, aunque ¿Es curioso sabes? Porque últimamente escapa muy rápido — Dijo y dijo sin parar mientras se rascaba la barbilla, hasta que Raymundo la interrumpió.


—¡Respira! — le dijo agarrándola del hombro y sacudiéndola con preocupación, pues se percató que su cara se estaba poniendo morada.


Cynthia jadeó mientras inhalaba con fuerza, recuperando el aire y percatándose que su mente daba vueltas por un mareo provocado por la falta de oxígeno.


—Eh… eh… — intentó decir totalmente apenada. —Gracias yo… perdón cuando me concentro… — seguía tratando de decir pero el seguir recuperando el aire y la pena no la dejaba.


—¡¿Chicos estáis bien?! — gritó una voz golpeadora de mujer, con un acento siseante muy marcado y evidentemente extranjero.


Una chica muy blanca, de nariz afilada y pelo muy rubio, cubierta con atuendo discreto color negro, deportivo pero sospechosamente adicionado con lentes y gorra, como si esta mujer quisiera pasar de incógnito.


—Ahhh… ¿si? — medio respondió Raymundo con extrañeza. —Si, estamos bien…


La mujer se percató de la confusión de Raymundo y rápidamente se acercó mientras trataba de calmar las aguas poniendo sus manos al frente.


—Disculpad, que olvido que en México sois un poquito más desconfiados, no pasa nada — dijo con una sonrisa.


Cynthia se puso detrás de Raymundo y este con una su brazo le hizo el gesto de no avanzar mientras miraba con aún más desconfianza, acabando con la paciencia de la mujer.


—¡Pero venga ya! Que tampoco os he pedido sus cosas, ¡venga tío! — Se quejó esta vez enfadada mirando directamente a Raymundo.


Con un gesto como si estuviera espantando a una mosca, agitó su mano y los lentes pasaron a desaparecer como si se hubieran vuelto invisibles.


—¿Véis? No son reales — dijo despreocupada, pero Raymundo abrió los ojos en cuanto la miró de rostro completo.


—Oh mier… — dijo para corregirse a sí mismo.


—¡Eres… tú…! — Dijo tratando de contener la emoción pero la mujer con desesperación puso un dedo sobre sus labios para callarlo.


—Nadie puede saber que estoy aquí, estoy… buscando a alguien — continuó mientras pasaba su mano por su rostro, haciendo aparecer de nuevo sus lentes como si fuera un truco de magia.


Raymundo extrañado guardó silencio, pero aún sabiendo frente a quien estaba, no pudo evitar sentir que sus alarmas se activaban de golpe.


—Sois de la OIPS, eso es bueno, ¿Podeís decirme donde se encuentra el… Palacio de Iturbide? — dijo con duda entrecerrando de forma muy exagerada sus ojos. —Perdonadme que no lo recuerdo bien.


—¡N-no te preocupes, lo recordaste bien! — dijo tartamudeando Raymundo antes de ser interrumpido por una voz conocida.


—¡Lo has dicho bien y a la primera jaja, buena memoria! — Era Vicario Talavera quien recién llegaba, dejando que Raymundo relajase los hombros. 


—Señorita, siento que mis muchachos sean tímidos, así son a esa edad — dijo confiado, sacando el colmillo al hablar. —Lamentablemente, por el momento tenemos una misión justamente en el Palacio de Iturbide, por lo que no será posible dirigirla hacia allá. — Terminó con una pena muy fingida que dejaba ver que estaba dispuesto a cambiar de opinión.


—A menos que sea muy importante, claro jaja, en ese caso… yo seré su guía — y entonces, dejando totalmente boquiabiertos a Cynthia y a Raymundo, Vicario le ofreció su hombro de forma elegante.


—Vaya jeje — dijo ruborizada la mujer. —Pues parece que no todos sois tan desconfiados, algunos incluso sois confianzudos eh — le respondió coquetamente mientras lo tomaba del brazo y comenzaban a caminar.


Orgulloso Talavera les hizo un ademán con la cabeza a Raymundo y Cynthia para que los siguieran y estos comenzaron a avanzar detrás de su jefe y la mujer.


—No estoy entendiendo nada, ¿Porqué el señor Vicario no te está golpeando sin parar y quién es esa mujer?, No te hagas pendejo, que vi tu cara — le susurró Cynthia a Raymundo de forma curiosa.


Raymundo no le hizo mucho caso, estaba analizando lo que estaba sucediendo, también tenía las mismas preguntas, pero sobre todo no dejaba de ver a la mujer que le quedaba en frente, abrazada de Talavera.


—¡Oye! Si no me haces caso le voy a decir que le venías viendo el culo — Le susurró con más agresividad a Raymundo, quien reaccionó inmediatamente con pánico.


—¿Qué? No harías eso — respondió entre susurros muy ofendido.


Cynthia le devolvió una sonrisa leve que hizo a Raymundo sentir más miedo que si de verdad lo hubiera intentado.


—Es La Condessa, la continental. Y obviamente Vicario se la quiere ligar — respondió secamente. —¿Pero qué hace ella aquí? — dijo sin poder apartar la mirada de ella.


En el momento en que Cynthia escuchó que la mujer en frente de él, era una heroína perteneciente a The Five Continents, agachó la mirada y se quedó completamente callada. Raymundo se extrañó por esto, pero simplemente asumió que así como le paraliza el peligro, la gente importante también lo hacía y lo dejó pasar, caminando juntos hasta el Palacio de Iturbide.


Permaneció callada incluso cuando miró que la heroína dejaba caer de forma discreta motas de luz que se escondían entre los reflejos de las lámparas de luz que se veían en el brillante piso.


—Es él… — Dijo Raymundo apuntando a un hombre que portaba una gabardina llena de relojes por todos lados, su rostro no se veía por su sombrero de copa muy ancha.


—Ah sí, lo supuse desde un principio, veo que has aprendido bien de mi — dijo con total descaro Talavera mientras disimulaba buscar con la vista al hombre señalado por Raymundo.


—Atemporal, antiguo miembro de la liga juvenil de los “Super Mexas”, se le perdió el rastro y se teorizaba que había sido reclutado por un.. ¿Super Cartel?, ¿Esos existen? — preguntó Raymundo quien estaba leyendo su bitácora en su teléfono.


—Ah s- no, no existen, seguramente está mal la bitácora — respondió talavera nervioso mientras miraba de reojo a la chica.


En eso, Atemporal tomó uno de sus relojes y por un momento pareció estar en dos lados al mismo tiempo, justo donde estaba parado y tomando cosas del bolso de una mujer, la cual no se dio cuenta. Cuando el segundo desapareció, el primero miró su mano y tenía un collar y una cartera en sus manos y comenzó a caminar rápidamente en otra dirección.


—¡Alto! — Gritó Cynthia quien se arrojó a correr tras el criminal.


—¡Espera! — Gritó Talavera y salió a correr, no sin antes darle una palmada a Raymundo para que le siguiera.


En ese instante, Atemporal tocó otro de sus relojes y de un instante a otro, otro clon estaba frente a Raymundo y le propinó un fuerte golpe en el estómago, el cual apenas lo empujó gracias a su equipo.


Raymundo a gran velocidad intentó tomarlo, pero desapareció dejando que el original entrase entre la multitud dentro del palacio.


—¡Se dirige al banco! — Gritó Cynthia quien parecía estar haciendo un gran esfuerzo para continuar corriendo. —Maldita sea, ¡No te detengas! — se gritaba a sí misma.


En eso, Atemporal apareció frente a ella, pegándole un reloj y dejándola completamente estática.


—¡Cynthia! — gritó Raymundo mientras se dirigía a ella, pero fue tomado con fuerza por el hombro por Talavera.


—¡Su poder! ¿Cuál es su poder? — le dijo alarmado, a lo que Raymundo rápidamente sacó su teléfono para poder continuar leyendo.


—Él… él está conectado a sus relojes, están en bucle en diferentes tiempos, separados por segundos o minutos, c-cuando toca estos relojes permite crear una versión futura de sí mismo que realiza cosas que aún no pasan en nuestro tiempo y pasado el tiempo, se regresa a sí mismo… — Dijo pensando algo que se adelantó a decir Talavera.


—¡Por eso la señora no se dio cuenta! — Y entonces sacó lo que parecía ser un taser de una de sus bolsas, continuando la persecución a la que la gente ya se estaba uniendo, no a forma de apoyo, pues querían enterarse de la situación.


—¿Qué es… — iba a preguntar Raymundo, pero justo otro Atemporal, el cual acercó su mano contra Raymundo con un reloj, a punto de pegárselo también, pero fue atacado por Talavera.


El taser soltó un chispazo de color rojo, algo que llamó la atención de Raymundo y en eso tanto el Atemporal original como el clon quedaron totalmente petrificados, dejando un rastro apenas visible de varias copias de él mismo haciéndo el mismo recorrido que su clon, estáticos.


—Eso jeje — dijo satisfecho Talavera mientras miraba el rastro con curiosidad.


—Los temporales son complicados, pero no hay nada en la OIPS para lo que no estemos preparados — terminó mientras lanzaba y atrapaba su taser. —Este es un paralizador temporal, y eso — dijo señalando el rastro de clones. —Es su rastro temporal.


Ambos caminaron hasta el Atemporal original y lo tumbaron contra el piso, quitándole el abrigo y su sombrero, revelando que todo el cuerpo era una simple marioneta, así que con cuidado bajaron y encontraron un bulto en el torso, por lo que rompieron la tela color negro que recubría todo el cuerpo y revelaron a un hombre de baja estatura con una cara de impaciencia y enfado.


—Jajajaja — Soltó una carcajada Talavera —Mira nomás, es un enanito — dijo soltando más risas y percatándose que la gente estaba formando un círculo, apuntándoles con sus teléfonos.


—¡Miren! — Dijo disfrutando del momento y levantando a Atemporal como si fuera un bebé al que se quiere presumir. —Arréstalo hijo — le dijo a Raymundo mientras le daba a Atemporal y comenzaba a dirigirse con Cynthia.


Raymundo lo puso contra el suelo y lo ató con las esposas, marcando en su teléfono la bitácora de Atemporal como “Arrestado” y tomándole una foto.


—Hoy cumplí con la rutina… lo hice bien — susurró Raymundo un poco animado para sí mismo.


Al darle la vuelta para levantarlo, pues seguía paralizado en el tiempo, se percató que tenía unos dientes en forma de sierra y ojos color rojo, llamando por un momento su atención y tomando una foto para la bitácora del arresto.


—¡Sois muy buenos eh! — gritó con asombro La Condessa quién aún encubierta, se acercaba a la escena.


—Es lo que hacemos a diario — contestó Talavera muy animado mientras le movía la cabeza para que se acercara. —Creí que ya se habría ido para este punto jaja, no es común que una civil esté tan interesada en nuestro trabajo — le dijo con tono coqueto.


—¿Y perderme de vuestra escena de acción? ¡Ni loca! — respondió animada.


Talavera apretó los guantes y quitó el reloj de Cynthia, la cual cayó  rendida al suelo, comenzando a toser y buscando con miedo a Raymundo.


—¡Mundo! — gritó en cuanto lo pudo mirar y comenzó a caminar a toda prisa para auxiliarla.


—Y cómo ya está arrestado — dijo Talavera mientras apretaba un botón al costado de su taser.


En ese momento, el clon de Atemporal desapareció y su rastro temporal se fue con él, quedando nada más el hombre de baja estatura quien luchaba por zafarse de las esposas con movimientos bruscos que a la gente le empezaron a parecer graciosos. Entre risas y carcajadas, la gente continuaba grabando y algunos hasta transmitían en vivo, lo cual lo enfadaba más.


—Ven, hay algo que tengo que enseñarte — le dijo Talavera a la mujer y se retiraron juntos para llevarse a Atemporal de regreso. 


Raymundo, quien todavía caminaba por el amplio palacio, miró como Talavera le dijo algo brevemente a la mujer y luego se dirigió con él a paso apresurado y mirada  fija que le hizo sobrecogerse por un momento.


—Muchacho, espera — le dijo cuando ya estaba cerca y puso su mano sobre su hombro.


—Sobre ayer… no te diré que estuviste bien… pero quería disculparme por gritarte… — le dijo con un tono más calmado que contrastaba con la forma en que hablaba con la Condessa.


—Rompiste el protocolo, pero solo te debí sancionar y esperar a que todo mejore. Yo... estaba algo sentimental por mi hermano, ¿Comprendes? — dijo tratando de sincerarse pero sin conseguirlo del todo. Talavera sentía que en su mente mil y un palabras se dibujaban, pero a pesar de todo le salía lo más formal y directo.


Aún así, Raymundo asintió con la cabeza y Talavera le dió una sonrisa más aliviada, aunque no sin antes soltar un —Buen trabajo — que sorprendió a Raymundo, quien continuó con más seriedad su camino para alcanzar a Cynthia.


—Te regañaron — le cantó con tono burlesco Cynthia cuando tuvo a Raymundo cerca, pero Raymundo solo se fijó en que se tallaba los ojos para limpiarse lágrimas.


—¿Estás bien? — le preguntó con calma.


—Si jaja, es por el fallo temporal y eso — respondió de forma evasiva. —¿Oye, desde cuando usas aretes? — preguntó intentando cambiar de tema.


Raymundo intrigado se tocó la oreja, pero no sintió nada, a lo que sólo devolvió una mirada confundida.


—Olvídalo, tal vez… no sé una chispa de La Condessa, ví que lanzó muchos puntitos de luz apenas llegó, no sé para qué sean — le dijo ya más animada.


—Pues, ella controla la luz sólida, está… ¿Preparando el terreno? — dijo más para sí mismo que contestando. Intentó profundizar en ese pensamiento pero rápidamente sacudió la cabeza para detener su mente y se centró en su amiga.


—No importa, en este momento me importas tú — le respondió mirándola a los ojos. —¿De verdad estás bien? — le preguntó con mirada más severa.


Cynthia se sintió atacada por la mirada de Raymundo, pero lejos de ofenderse, entendió la preocupación de su amigo y se sintió segura de responder.


—Sí solo… aggghh… Necesito un momento, un momento para mi, pero mis piernas temblaban y me sentía tan paralizada como ayer, pero… ¡Te juro que de verdad lo intenté! — gritó con rabia golpeándose las piernas, cómo si las estuviera culpando a ellas.


Raymundo le sonrió levemente y de nuevo, acarició su cabeza como la noche anterior, extrañando a Cynthia. A pesar de que se percató de la reacción de la chica, a él no le importó y continuó haciéndolo.


—No te tienes que forzar a algo en lo que apenas quieres cambiar.


Cynthia lo miró con frustración en sus ojos, pero al final tras reconocer internamente que era cierto, asintió con su cabeza y le estiró la mano a Raymundo para que ya ayudara a levantarse.


—Mejor mira jajaja — le dijo sacando su teléfono para mostrarle una foto de Atemporal. —Así se ve nuestro detenido — dijo conteniendo la risa.


—No te pases de… ¡¿En serio se ve así?! JAJAJA Osea que su cuerpo era una marioneta ¿Verad? Dios no puedo creer que un chibi me haya ganado jajaja esto es… ay no y mira sus ojos, parece un tiburón, se ve horrible — dijo antes de tener que volver a tomar aire.


En ese instante, Condessa, quien estaba escuchando a Vicario alardear del sistema de teletransporte que usaba en la OIPS, se giró rápidamente a donde estaban los chicos riendo. En eso iluminó sus ojos en un destello amarillo y una mota de luz se iluminó con mayor intensidad en el cuello de Raymundo.


—Dile a tu amiga que repita eso… — Escuchó Raymundo en su cabeza con la voz de Condessa.


—¿Qué? — dijo Raymundo girándose con extrañeza.


—Qué seguro al ya no tener sus relojes, le van a tumbar esos dientes de tiburón en la cárcel — Le contestó Cynthia con enfado al sentirse ignorada por Raymundo.


—Espera… ¡Mira! Ahí tienes la bolita de luz que vi en tu oreja — Le dijo Cynthia intentando tocarla.


Raymundo se giró hacia Talavera y Condessa, cruzando miradas con esta última quien lo miraba fijamente.


—¿Qué fue lo que dijeron? — repitió Condessa sin mover la boca, dando a entender a Raymundo que se estaban comunicando por la mota de luz.


—Los… ¿Ojos rojos? — respondió con duda. 


—¿Puedes dejar de ignorarme, Mundo? — Raymundo se giró con brusquedad contra Cynthia, asustándola un poco.


Condessa volteó a ver al hombre arrestado, el cual ya la miraba fijamente y dándose cuenta de que sus ojos brillaban en ese tono amarillo que parecía reconocer.


Su mirada era diabólica, mostrando todos sus dientes y abriendo demasiado sus ojos rojos, levantando lentamente sus brazos esposados, mostrándole que su piel se estaba tornando grisácea y se estaba ensanchando tanto que las esposas se escondían entre su piel.


—¡Evacúen! — Gritó de forma histérica, llamando mucho la atención de personas que solo lo miraron extrañado.


Raymundo tomó a Cynthia y salió corriendo del sitio, agarrándola del brazo y dirigiéndose a todas las personas que miraba en el camino.


—¡Oye qué te pasa! — le dijo esta indignada pero sin dejar de correr.


—¡Señor, le pido que evacúe, somos la OIPS! Señora, no puede pasar, estamos evacuando — Comenzó a decirles a todas las personas que iban llegando y se topaba. Su aporte no era tan grande, pero poco a poco comenzaba a evacuar a algunas personas.


—¡Raymundo Mata! — Le gritó Cynthia saliéndose del agarre de Raymundo. Este grito también llamó la atención de La Condessa que se giró bruscamente, perdiendo la concentración.


—Raymundo… él… — dijo en voz baja para después mirar de nuevo la mota en su cuello.


—¡Eres el tío que estuvo en lo de Blazerang! — escuchó Raymundo en su cabeza, sin poder concentrarse mientras la tensión en su cabeza crecía y crecía.


—¡No sé! Cállense por un momento — dijo mientras sentía como si todos sus recuerdos le subieran por la espalda.


—Perdón… perdón Cynthia… — dijo agarrándose la cabeza, sintiendo como el sonido a su alrededor se volvía cada vez más difuso, a lo que esta se quedó paralizada viendo como Raymundo por poco colapsaba.


Atemporal aprovechó la distracción y comenzó a transformarse, su piel se volvió más ancha, completamente grisácea, su altura incrementó hasta alcanzar los dos metros y su cara, entre crujidos óseos, se fue deformando hasta tomar la forma de un tiburón de ojos rojos y mirada sangrienta.


—Condessa — dijo con una voz muy rasposa y gruesa que levantó la mirada de esta con mucho miedo. —Lo sabía… ¿Cómo no reconocer a mi superheroína? 


—¿Condessa? — dijo Talavera quien hasta este momento no había prestado atención a Raymundo y simplemente se encontraba alerta por el tiburón antropomórfico que tenía en frente.


Condessa suspiró con enfado y levantó su mano, de la cual se proyectó una luz muy intensa que acabó rodeando a la mujer. Su traje deportivo color negro desapareció y fue sustituido por una túnica grieta de seda con adornos dorados, su cabello se soltó formando unos rizos delgados y tanto sus ojos como sus labios fueron iluminados por un maquillaje de oro muy cargado.


—¡Evacúen el área! — volvió a gritar, esta vez con tono más autoritario y replicando su voz a través de todas las motas de polvo que había regado desde que llegó.


Entonces se giró a Talavera y creó un muro de Luz que empezaba a moverse, empujando a las personas hacia la entrada.


—Lo siento Vicario, estaba en medio de una investigación… Para encontrar justamente a este hijo de puta— Dijo volteando a ver con rabia al tiburón.


Cynthia entendió la situación y pasó del reclamo a comenzar a cooperar, ayudando a mover a la gente rumbo a la salida y sangoloteando a Raymundo para que reaccionara de nuevo.


Raymundo se giró, sólo para ver a Condessa con su traje de heroína, mirando de frente al hombre tiburón, quedando completamente consternado.


—Ese… es … es Sharkelly… — dijo con voz temblorosa. —El demonio del mar… 


—Ay cómo chingas… — dijo Cynthia con tono de enfado.


Harta, estuvo a punto de pegarle un puñetazo para hacerlo reaccionar, pues la acumulación de momentos extraños la estaba superando, pero a unos centímetros de conectar su golpe, tanto él como Raymundo fueron cargados a los hombros de Vicario, quien a toda prisa los llevó una cuadra más lejos del palacio.


—Mierda… — dijo recordando el momento en el que Levi lo empujó a su misión en Sydney. —No otra vez, maldita sea.


Raymundo estaba conteniendo las lágrimas, pero el recuerdo de su misión anterior lo estaba paralizando de a poco, una vez más, para su mala suerte, su misión rango C había escalado varios rangos de golpe.



Fin.