Capítulo 6: El turno de Pherp
Tras la aparente derrota de Blazerang, la OIPS descubre demasiado tarde que la batalla apenas comienza. Una explosión masiva convierte la avenida en un cementerio, dejando a Anselmo sin brazos y a Raymundo herido entre cadáveres. Mientras Blazerang desata una lluvia de búmerans de fuego que arrasa con todo, los pocos sobrevivientes luchan por mantener la cordura en medio de la masacre. En la mente del exsuperhéroe, Erasmo explora los recuerdos de Lyam Murphy y revela el oscuro incidente que marcó la caída de su reputación. Cuando todo parece perdido, Pherp desata su verdadera naturaleza y revela un secreto que cambiará el rumbo de la batalla. El turno de Pherp ha comenzado.
Momentos atrás, antes de que Raymundo despertara tras salir del corazón de Blazerang, ambos se encontraban en el suelo frente al sargento de la Torre. Él y Pherp se quedaron inertes mirándose uno a otro. El silencio generaba una tensión que casi se podía ver y el viento que viene después de un desastre acompañaba el sitio mientras de a poco algunos soldados salían de sus escondites totalmente consternados.
—Sargento, ¿qué ha pasado? —preguntó aquel hombre que parecía pirata.
—Todo está bien, chicos, solo… —respondió con tono apaciguado de la Torre, pero fue interrumpido por uno de los soldados que recién salía.
—Sargento, ¡su brazo! —dijo apuntando al material parecido a la porcelana del brazo de la Torre, el cual se encontraba totalmente destrozado como si fuera cristal.
De la torre solo levantó su brazo para mirarlo y después levantó la mirada a toda la multitud que comenzaba a formarse. —Estoy bien —respondió con el tono más calmado que pudo, pues mientras más se relajaba, comenzaba a sentir un intenso dolor.
—Solo necesitamos terminar esta misión y, comiendo, me recupero; no tienen nada de qué preocuparse. —Respondió recargándose sobre un escombro que daba la altura para sentarse.
—Y díganme, por favor —dijo, aguantando aún más el dolor y con tono algo cansado— que solo Mike murió a manos de ese imbécil.
Varios elementos se fueron sobre sus pasos en busca de algún compañero fallecido, pero volvieron con mirada de alivio, mirada misma que le dio paz por unos segundos a Anselmo antes de percatarse de que Blazerang había desaparecido.
—Tienes que estar más atento, Anselmo. —Escuchó la voz de Blazerang detrás de él, comprendiendo su error y girando, recibiendo un fuerte golpe de frente que lo lanzó contra el piso, rebotando su cabeza y haciéndolo perder la vista por unos segundos.
—Eres un maldito arrogante, pero ya no te volverás a interponer en mi camino. —Dijo la voz de Blazerang, algo que Anselmo no pudo reconocer, pues su mente aún se recuperaba del golpe.
—Detente, no vas a tocar al muchacho mío —dijo la voz de Pherp y sus pasos se escuchaban como pisadas de elefante que retumbaban el suelo.
Lo que hizo reaccionar a Anselmo fueron los sonidos de una llamarada atravesando lo que parecía sonar como papel y un golpe estruendoso que arrojaba un cuerpo por los aires. Al levantarse asustado, vio a Pherp con su puño estirado y a Blazerang volando, para rápidamente girar hacia Raymundo y sacarle un boomerang que aún arrojaba chispas del estómago.
Anselmo se intentó levantar rápido, pero un fuerte mareo le impidió hacerlo con firmeza; la mirada de Pherp, que buscaba su ayuda, lo presionaba a recuperar totalmente la conciencia.
—Oh, mierda… un lente de la maldita máscara se rompió —dijo para sí mismo tras ver que su vista se nublaba de forma permanente y ya no por causa suya, sino por una lente que hacía ver múltiples veces a Pherp en su ojo izquierdo.
—Sargento —dijo el hombre de las cicatrices, ayudándolo a mantenerse de pie—. Es usted un cabrón, no sé cómo resistió eso. —El hombre trató de quitarle la máscara, pero Anselmo lo empujó con brusquedad, casi por instinto más que por agresividad.
—La máscara se queda… es lo único que me mantiene vivo —dijo antes de levantarse y caminar ya con mayor solvencia hacia Pherp, para finalmente tomarlo de los hombros con ligera desesperación.
—Sólo me caí, ¿qué carajos pasó? —preguntó agitando al más grande.
—Pherp intentó detenerlo, coronel, pero el hombre de fuego fue más rápido, no pude hacer nada, salvo golpearlo.
Al tiempo, Blazerang comenzaba a levantarse, poniendo en alerta a todos los soldados presentes, quienes se disponen a pelear contra el exsuperhéroe.
—Bien, no tenemos tiempo, ese maldito está despertando y Raymundo está herido, necesito que se lo lleven mientras yo peleo… —dijo de la Torre con cierto tono desesperado.
Pherp asintió y se lo llevó hacia atrás acompañado del hombre de las cicatrices; entre los dos le brindaron primeros auxilios y trataron de detener el sangrado del estómago de Raymundo.
—¡JAJAJA! —Se levantó carcajeando Blazerang mientras sus ojos irradiaban una furia incontrolable, pero su mirada se terminó ocultando de nuevo tras la máscara de fuego. —Malditos pendejos, ahora sí firmaron su puta sentencia de muerte. —Los ojos de Blazerang se clavaron en Pherp y, por primera vez en toda la pelea, este escupió al suelo saliva acompañada de sangre.
—¡Será sobre mi cadáver! —gritó un soldado que caía del cielo; era regordete, un tanque en toda regla con cañones de agua en sus manos que accionó sin dudar sobre Blazerang, a lo que este se recubrió con un escudo de fuego.
El agua golpeó y solo unos cuantos chorros golpearon a Blazerang, el cual se miró reducido por esto, encima creando una cortina de humo que los mismos soldados de la OIPS aprovecharon al máximo al meterse a la pelea en la cual Blazerang mantenía desventaja.
Lo golpearon, arrastraron e incluso amarraron múltiples veces, y cada vez era más complicado para Erasmo, dentro de la mente de Blazerang, el mantener el ritmo de la pelea pese a la euforia que sentía por intentar matar a los soldados y lo satisfactoria que le resultaba una pelea con un superhéroe con tantas habilidades como lo era este superhéroe.
Dentro de la mente de Blazerang, Erasmo sacaba de su espalda cada tanto un clon que se desprendía de la fuente e iba buscando entre las calles y callejones alguna versión de Lyam Murphy que tuviera esa chispa en los ojos que revelaba emoción por algo.
—¿Quién eres? —le preguntó una versión con extrema precaución.
—Hmmm. —Lo miró de vuelta Erasmo; en los ojos de este clon miraba sufrimiento y se percató de que en sus manos sostenía un periódico. —Quiero ver eso, Murphy —le dijo antes de arrebatarle el periódico.
14 de junio de 2006
Gran Asesinato de Villanos pone en jaque a The Five Continents
El título se mantenía en letras rojas con un fondo negro que evocaba cierto misterio de la época y apuntaba a la página 14, a la cual Erasmo se dirigió con incertidumbre.
“La noche de ayer, durante el ataque de los reos que escaparon de ‘Aranta’, la cárcel para supervillanos más grande de toda Europa, se vivió uno de los acontecimientos más inhóspitos que ha puesto en tela de juicio la permisividad que tiene el equipo de superhéroes ‘The Five Continents’, conformado actualmente por el magnánimo Power Hope, la muy bella Condessa, la inigualable guerrera Nahual, la misteriosa Mindyblur y el polémico y, a mi parecer, arrogante Blazerang, para operar sin restricciones dentro del territorio internacional.
Durante el ataque, lo que parecía ser una pelea casi rutinaria para el legendario equipo de superhéroes se vio envuelta en la desgracia al momento en que un enfrentamiento entre Power Hope y un velocista tomaba lugar: un misterioso ataque de fuego que muy pocos han podido describir con precisión y que se cobró la vida de múltiples villanos. Eso sí, el ataque contó con la particularidad de únicamente haber acabado con la vida de criminales, pues los inocentes afirman haberse sentido ‘protegidos’ e incluso unos cuantos, cuyo testimonio es de fiabilidad poco confiable, afirman que fueron atravesados por las llamas sin recibir quemadura alguna.
La evidencia apunta a un ataque proveniente del único superhéroe en el equipo que maneja el fuego, o en su defecto, de uno de los villanos intentando traicionar a su grupo de acompañantes y provocando una tragedia en el proceso, explicación que al equipo del periódico ‘El Continental’ le parece totalmente absurda, pues cómo unos criminales se van a preocupar por la población, pero no por la muerte de más de cincuenta y tres criminales, entre ellos compañeros de los principales supervillanos ‘sospechosos’ por manejar el fuego, todos muertos, por cierto.
Hasta el momento, el líder del equipo, Power Hope, no se ha expresado sobre el asunto, salvo su mención temprana tras el ataque de que se estaban investigando los hechos y estaban colaborando con la policía para poder determinar la causa del accidente y se mostró comprometido en llegar a la raíz del asunto.”
—Así que por esto, jajaja —dijo envuelto en una risa irónica—. El amo te eligió a ti, específicamente a ti, Murphy, para realizar este ataque y poner en duda la credibilidad de los super.
A su risa con malicia le acompañó una emoción que lo llevó a sujetar a ese clon de Murphy y arrastrarlo hasta la fuente para agregarlo a su casi ejército de memorias de Lyam. Al conectarse a la red de pensamientos, Erasmo sintió un éxtasis equivalente al trauma que esta versión de Murphy traía consigo y se regresó de nuevo a la fuente, juntándose con su forma original.
Por fuera, durante la pelea, Blazerang intentaba escapar de todas las modificaciones de trajes que le arrojaban los soldados de la OIPS para reducirlo, pero su habilidad para esquivar ataques era insuperable. Un par de golpes sí fueron conectados debido a que su atención no estaba del todo en la pelea; su mirada se había clavado en las mangueras a las que estaban conectadas las bombas de agua que le lanzaron agua hace un momento.
Blazerang se percató de que el soldado que le cayó del cielo no se movía del centro de la calle y entonces dio con la respuesta: los hidrantes de las calles, por lo que puso su plan en marcha.
El humo ya se había dispersado en su mayoría y esquivar ataques se había vuelto más sencillo, aunque su fin no era atacar, sino deshacerse de la amenaza principal, por lo que aprovechó que un soldado venía con guantes gigantes de titanio y se dejó golpear para fingir su derrota.
Cuando este cayó al suelo, varios elementos de la OIPS acudieron a inmovilizarlo con brusquedad, colocando sus manos en el suelo y amarrando sus pies.
—Esperen —dijo de la Torre, quien iba llegando—. Asegúrense de no ver ninguna luz en el suelo, así fue como este lugar terminó en la ruina.
—Imbécil… —Susurró Blazerang mientras su máscara de fuego se difuminaba, mostrando que su cara no era de derrota ni frustración, sino una enferma sonrisa de victoria.
—¿Qué has hecho? —preguntó extrañado Anselmo mientras percibía un destello entre las grietas muy tenue pero visible ante la atención al detalle que gozaba de la Torre.
El tintineo de los hidrantes le hizo mirar y entonces comprendió la situación al ver las mangueras conectadas a estos. Anselmo no lo pensó dos veces y corrió rápidamente con el soldado que manejaba los disparadores de agua, pero ni bien lo tocó, un fuerte estallido lo mandó a volar.
Por un momento perdió la conciencia, pero cuando despertó, estaba siendo sujetado por Pherp, entendiendo así que había sido lanzado por varios metros en el aire. Sintió una presión en el pecho, pero al mirar, tenía la mano del soldado agarrándole la camisa, solo la mano.
—Ese… era Damián López —dijo antes de dejarla con respeto en el suelo. —Y ese… era mi brazo —dijo mirándose la mano izquierda, confirmando para sí mismo que ambos brazos le habían sido amputados.
—Él tampoco pudo morir viendo la luna, coronel —respondió Pherp con tristeza.
La explosión había provocado una gigantesca pantalla de vapor que Blazerang aprovechó para salir volando con su forma de serpiente en un fuego que, a cada momento que brillaba, se sofocaba por el agua en el ambiente, pero con gran determinación se dio paso hasta llegar a la superficie y, una vez volando por los aires, comenzó a lanzar una ráfaga muy larga y cargada de furia de búmerans de fuego.
Al igual que la vez anterior, estos golpearon ya no como simples proyectiles, sino como meteoritos que destruyeron gran parte del suelo y muchas columnas de edificios.
—¡Sálvese quien pueda! —gritaron antes de salir corriendo a refugiarse, pero ya era tarde; aquellos que se escondieron entre los locales y departamentos cercanos fueron aplastados por los derrumbes de edificios que se provocaron por la ausencia de columnas que soportaran el peso del inmueble.
Aquellos que permanecían a ciegas corrieron esperando encontrarse con la salida, pero eran golpeados por escombros o vigas que iban cayendo del cielo; otros fueron partidos por la mitad por los gigantescos cristales de ventanas que caían de los grandes edificios.
—¡Sargento! —gritaba uno de los hombres mientras escuchaba cómo detrás de él caía una pared a pedazos. —¡Sargento, por favor, responda! —Pero la respuesta nunca llegó y finalmente la destrucción lo alcanzó, formando parte de la destrucción.
—El reporte de incidentes ha s… —Documentaba un reportero a las afueras del área de destrucción cuando también una ráfaga de búmerans azotó el sitio y creó una dispersión de personas; el hombre documentando cayó al suelo con un búmeran clavado en la cabeza.
Finalmente, los que corrieron con la mejor suerte fueron aquellos impactados por los búmerans de fuego a quemarropa, pues estos gozaron de una muerte instantánea que los dejaba inertes en el suelo y provocaban algunos tropiezos de compañeros cuyo destino no era tan diferente del que ellos ya habían recibido.
El recorrido de los búmerans de fuego llegó hasta donde se encontraban Pherp con de la Torre y el inconsciente Raymundo, comenzando a causar un caos similar al ya vivido en la otra esquina.
—Coronel, es usted un cabronazo y Pherp tiene razón en llamarlo así —dijo el hombre con cicatrices en el rostro que cuidaba de Raymundo con una gran sonrisa en su rostro; entonces saltó corriendo hasta una pared y clavó una esquina de su torso en el concreto.
Su traje se estiró por completo hasta la otra punta de la calle, creando un techo artificial que parecía ser tela, pero en cuanto se cruzó con la pared destino, se solidificó y tomó un brillo metálico muy inusual, manteniéndose pegado al soldado.
—¡Qué buena forma de morir! —gritó con alegría antes de ser impactado con violencia por cientos de boomerangs que terminaron rompiendo su traje, pero salvaguardando la vida de los tres, a costa de la suya.
Su cuerpo cayó sin vida en la pared de escombros detrás de Pherp, pero a pesar de todo, aún mantenía su sonrisa y levantaba su pulgar con firmeza, gesto que solo Pherp miró y le respondió levantándole el pulgar de regreso con ojos llorosos.
—Ese era Antonio Talavera… —replicó de la Torre con rabia.
Poco a poco el polvo y vapor se iban dispersando y Blazerang iba bajando de nuevo a tierra firme. La imagen que la cortina de los remanentes del ataque reveló fue desgarradora: cientos de cadáveres de soldados y partes regadas por todo el suelo, algunos canales en miniatura que solo transportaban sangre y un incendio que se extendía a los escombros con gran velocidad.
—Te dije que tenías que estar más atento, Anselmo. —Vitoreó el superhéroe alzando los brazos y presumiendo de su hazaña.
—Pherp… conteo de muertos —dijo de la Torre con tono de alarma; esta vez su tono de voz no intentaba calmar, sino que más bien apretaba con desesperación su comunicador sin recibir respuesta.
—Coronel… —respondió Pherp tras mirar en una minis pantalla que cargaba consigo en su brazo.
—Coronel, no recibo ninguna señal… están…
—Están todos muertos… —Respondió el sargento totalmente consternado.
—No creo que… aún tiene… Coronel, esto… —Intentó decir Pherp.
—¿Es como tu primera misión? —terminó el sargento la frase.
—No, mi coronel, esto es una masacre… —Terminó Pherp, mirando cómo ahora Blazerang caminaba lentamente hacia ellos con una maníaca cargada de horror.
Blazerang sacó unos grandes látigos de fuego de sus manos y por un momento cayó hincado con la mirada perdida, pero aún clavada en sus objetivos.
—Desperté. —Raymundo abrió los ojos e intentó encorvarse, pero un profundo dolor en su estómago le impidió hacerlo; quiso mirar a su vientre, pero incluso ese movimiento le causaba dolor. Fue entonces que miró a su alrededor y miró la masacre.
—Oh, mierda… —dijo al mirar el cuerpo de Antonio Talavera. —Mierda, mierda… —Dijo mientras miraba a sus alrededores, donde había cadáveres alrededor de la avenida donde se encontraban.
—No te preocupes, chico, aún puedo seguir peleando… —respondió cansado de la Torre a pesar de su condición.
—Muchacho, Pherp protegerá la vida tuya y la de los que quedan. —Respondió Pherp con determinación.
Anselmo estiró sus brazos para simular también látigos mientras Pherp se ponía en posición de pelea.
—Tenemos que forzar una pelea cuerpo a cuerpo, Pherp, solo así tendrás una oportunidad —le dijo de la Torre analizando la situación.
—Usted confíe en Pherp, lo lograremos —dijo y ambos salieron corriendo contra Blazerang, el cual recuperó el control y se abalanzó también en la pelea.
Raymundo, como pudo, se arrastró hasta el cuerpo de Antonio Talavera y trató de tomarle el pulso, solo para confirmar que se encontraba sin vida, asumiendo así el estado del resto de los cadáveres cercanos.
—¿Cómo mierda pasó esto? —se preguntó a sí mismo mientras asumía su situación de inmovilidad. —Él… él no… —Dijo mientras sentía cómo el pánico inundaba su cuerpo; sus manos le temblaban y la desesperación lo consumía mientras luchaba por respirar. Lágrimas de sus ojos salieron por sí solas y la sensación de peligro en su cuerpo se disparó por completo.
Miró a Anselmo y recordó la sonrisa de Talavera al decirle: “Dicen que puede pelearse con Power Hope y mira que Power Hope es el más duro de los duros”. Ahora mantenía su sonrisa, pero no su pulso ni el brillo en sus ojos; no mantenía nada, solo su pulgar arriba, y aquel a quien tanto admiraba yacía frente a él sin esos brazos que tanta pelea le dieron a Blazerang en un principio.
—Cálmate, chico. Ya tendrás tiempo de asumir sus muertes; por ahora asegúrate de que no tenga que asumir yo la tuya —dijo Anselmo para después arrojar sus brazos de látigo y hacerlos rebotar contra los escombros para distraer la atención de Blazerang, el cual esquivó los ataques y arrastró un látigo por el suelo para derribar a Anselmo.
Este cayó al suelo con un sentón, pero Pherp por detrás golpeó a Blazerang en el costado, rompiendo su guardia, para después girarlo y clavarle tres puñetazos en la cara, este último derribándolo al suelo.
—No le digas al coronel mío que debe estar más atento —espetó con enfado para después golpearlo por el pecho, sacándolo a volar contra una pared de escombros. —¡Si tampoco vas a estar atento de Pherp!
—¡Sargento! —gritó Raymundo, intentando arrastrarse con él mientras se limpiaba las lágrimas aún por el pánico.
—Tranquilo, muchacho, Pherp se puede encargar —le respondió con tono frustrado. —Sus golpes son diferentes, no todos son explosivos que te sacan volando; él de verdad le está haciendo daño —dijo reincorporándose, volviendo sólido uno de sus brazos para usarlo como bastón para irse a sentar junto a Raymundo.
—Ya hice todo lo que pude… —En eso, sus brazos estirados aún como látigos se desprendieron de sus hombros por completo. —Aggg… parece que hice de más…
—Sarg—. Pero no pudo replicar; Anselmo lo interrumpió.
—Te dije, muchacho, estoy bien… la pelea es allá, tú encárgate de no morir al igual que yo… no vuelvas más difícil una situación que ya requiere todo de ti —Le replicó con firmeza.
Sus palabras rebotaron en su mente de la misma manera en que lo hicieron las palabras de Pherp cuando lo calmó por la muerte de Raúl; ya no era la primera persona que veía morir y tampoco era la primera vez que su vida corría peligro. Su mente entonces pensó en Ángel, el mejor amigo de Raúl, y mirando a la luna, pudo finalmente calmarse y pensar en que lo abrazaría cuando lo viera para consolarlo, sin saber que este también había muerto.
Blazerang se detuvo por un momento para procesar el dolor antes de incorporarse, volviendo a tener una mirada totalmente vacía. Se puso de pie, pero por unos breves segundos se quedó totalmente quieto; entonces se agarró con dolor la cabeza y comenzó a actuar de forma muy diferente y, entre gritos, dijo:
—¡Sal de mi cabeza, maldito bastardo! Un imbécil como tú no puede profanar una mente tan brillante como la mía… —Había rabia en su voz, pero era diferente, su tono había cambiado.
A Raymundo le llamó la atención esto y se giró con brusquedad, lo cual le generó un pinchazo de dolor.
—¡Ese es Blazerang! —dijo con emoción.
—¿Qué has dicho, muchacho? —respondió extrañado Anselmo.
—E-él es Blazerang, en su mente está dispuesto a luchar, ahora no hay… agg, nada que lo detenga —dijo haciendo un mini esfuerzo por sentarse en la pared de escombros, agarrándose el estómago. Su herida, si bien era peligrosa, estaba totalmente cauterizada por el fuego con el que fue herido.
—Eres impresionante, chico… —Dijo recargando la cabeza en la pared, mirando al cielo. —Ojalá tengas otra de tus ideas que nos saquen de aquí…
Blazerang se seguía agarrando la cabeza hasta que sus brazos se iluminaron en fuego y su sonrisa maníaca regresó, clavándose en Pherp.
—No me iré tan fácil, Lyam. —Y entonces se abalanzó contra Pherp, el cual cruzó los brazos para amortiguar el impacto, el cual recibió sin moverse, creando una fuerte onda expansiva que partió el concreto a la mitad en un rango muy amplio.
—Pherp está enfadado contigo por matar a los panas míos —dijo antes de intentar golpearlo de nuevo.
Blazerang se escapó usando su forma de serpiente de fuego e intentó arrojarle un boomerang en los aires, pero para su sorpresa, Pherp, quien aún usaba los guantes de Raymundo, lo tomó y se lo aventó de regreso, causándole una fuerte cortada en el rostro y haciéndolo caer al suelo.
—¡Pherp no te perdona! —gritó con enfado mientras lo levantaba para volver a golpearlo, lanzándolo contra un edificio destruido. —Pherp no tiene que tener piedad contra un asesino como usted —replicó bufando mientras se acercaba de nuevo.
—Jajaja, lo peor es que piensas que de verdad puedes ganar —respondió este mientras se levantaba; usaba su antebrazo para limpiarse la boca llena de sangre.
Sus manos se comenzaron a hinchar mientras se iluminaban, hasta que se tornaron en masas gigantes como piedras que brillaban con gran intensidad.
—Ves esto, grandote, este ataque se lo prohibieron a este imbécil, pero contigo vale la pena utilizarlo. Se llama puño de plasma y será lo último que sientas, maldito —dijo antes de abalanzarse contra Pherp, intentando golpearle.
Pherp esquivó los dos golpes que le quiso propinar y le clavó dos ganchos en el hígado que no derribaron al superhéroe, sino que este aprovechó para golpearle por la espalda, causándole un gran daño a Pherp y este sintiendo que le ardía toda su parte trasera.
—¡Ahhhg! —No lastimes a Pherp —replicó mientras se giraba para plantarle un uppercut y ganar algo de distancia.
Pherp aprovechó para cubrirse y arrojar un par de puñetazos que conectaron en su mentón y le hicieron retroceder, pero de un momento a otro, la sonrisa de Blazerang regresó.
—Tú también, tienes que ser más atento, ¡Pherp! —dijo extrañando a Pherp, el cual recibió respuesta con un chiflido que se escuchaba a sus espaldas.
Cuando este giró, vio 3 búmeranes que se dirigían a él, pero cuando quiso moverse, fue recibido por un puñetazo limpio en toda la cara con los puños de plasma que lo lanzaron volando justamente contra los tres búmeranes.
El cuerpo de Pherp golpeó uno de los hidrantes que habían explotado hace poco, por la presión que aún tenían por el vapor. El hueco en el suelo arrojó una gran cantidad de lo mismo, cubriendo el cuerpo de Pherp e impidiéndole a Blazerang acercarse de nuevo.
—Quién diría que los búmeranes no solo son para atacar de frente, ¡Pherp! Jajaja, también regresan —respondió con arrogancia. —Y tienes maldita suerte de que con estas manos no pueda lanzarte nada como a estos idiotas que creyeron que me podrían ganar —dijo alzando sus brazos para contemplar la ola de cadáveres que aún quedaban alrededor.
El hidrante rebotó varios metros hasta quedar a los pies de Raymundo, quien se encogió para evitar el golpe de este, solo para percatarse de dónde venía y que este había generado la gran nube de vapor que rodeaba a Pherp, y algo en su mente se encendió.
—Sarg... —Intentó hablar, pero otra voz a través del comunicador envuelto en estática le interrumpió de repente.
—Sargento, ¿me escucha? Repito, sargento, ¿me escucha? —Ambos quedaron atónitos al escuchar esto, tanto que Anselmo recuperó la compostura de golpe.
—Aquí de la Torre, ¿me escuchan? —respondió presionando su comunicador contra un escombro para encender el micrófono.
—¡Sargento! Mierda… mierda, qué alivio —respondió la otra voz casi quebrándose al oírlo. —Me alegro de que siga vivo, Sargento.
—Ah, Pherp, Pherp… tenías razón, bastardo, aún hay supervivientes… —Dijo con un tono de voz más calmado y que reflejaba la sonrisa interna que Anselmo tenía detrás de su máscara.
—¿Dónde se encuentran? —preguntó con urgencia.
—Somos diecisiete hombres, estamos cerca de la zona de caída, somos los que no alcanzamos a llegar tras recibir la orden de ayudar a Raymundo Mata; escuchamos explosiones e intentamos ubicarlos, pero la comunicación no respondía. Solicitamos ubicación para reunirnos.
—¡Esperen! —dijo Raymundo—. Estamos en la zona de la pelea, solo quedamos tres… vengan con cautela. —Después de eso miró a Anselmo con una sonrisa implacable y dijo ante todos al comunicador. —Creo que tengo un plan.
—Entendido, nos dirigimos con cautela a la zona de las explosiones a forma de misión de rescate.
Y por primera vez, ambos respiraron de nuevo, como si el mundo les hubiera tendido la mano después de abandonarlos, pero aun así, las sorpresas no terminaban, pues Blazerang aún se mantenía de pie.
Este agarró una piedra de entre los escombros y la arrojó contra el hueco que había dejado el hidrante, tapando el agujero y permitiendo que la nube de polvo se dispersara, dejando ver a Pherp, quien apenas se estaba incorporando.
Su forma era diferente, se veía más musculoso, más rígido y su piel presentaba bastantes grietas y algunos agujeros. Su ropa superior se había deshecho por completo y lo único que le quedaba eran los guantes de Raymundo.
Su espalda mostraba un enorme exoesqueleto que se ajustaba a la forma de su columna y apretaba con fuerza sus brazos y antebrazos, con una enorme luz circular en su cuello, un set completo que dejaba ver con detalle las zonas en las que se incrustaba el exoesqueleto a su cuerpo.
—Pherp, ¿qué carajos? —dijo Anselmo mirando el rostro de este.
Su cara estaba partida por la mitad, como si una capa de concreto se hubiera destruido y dejado ver el verdadero rostro del hombre, una cara semihumana totalmente cuadrada con piel grisácea como de elefante, unos ojos totalmente amarillos con pupila café y un pequeño cuerno en su nariz. La otra mitad permanecía con la antigua cara de Pherp, pero era evidente que algo había ocultado el soldado y apenas estaba mostrándose al mundo.
—¿Pherp… es un mutro? —preguntó extrañado Raymundo, observando al soldado de mayor corpulencia.
Todas las grietas y agujeros en su dorso dejaban ver que en todo su cuerpo había una capa de piel humana por encima de esta piel grisácea parecida a la de un elefante, extrañando incluso a Blazerang, quien soltó una carcajada al ver en lo que se estaba convirtiendo Pherp.
—JAJAJA, ¡¿en serio un parásito mutro?! Creí que no podías caer más bajo, Pherp —dijo entre risas, siempre diciendo el nombre de Pherp con tono condescendiente y con coraje. —Pero, por lo visto, siempre fuiste la escoria que ni siquiera los super, ni los humanos quieren, un maldito mutro.
Pherp miró con rabia, pero solo se limitó a encender su comunicador de forma lenta, sin perder de vista a Blazerang.
—Sargento, discúlpeme por nunca mencionar esto… Pherp no es un monstruo, ni un mutro, pero Pherp sí lo es. —Dejando la explicación confusa al aire, simplemente apagó su comunicador tras decir. —Permítame explicarlo al terminar la misión; Pherp promete transparencia.
Raymundo solo pudo pensar en lo rápido que escalaron las cosas en pocos momentos; él recién había despertado, recién había visto a Lyam Murphy en la mente de Blazerang y pudieron avanzar en la recuperación de la mente del héroe.
Ahora estaría siendo rescatado en unos momentos por el equipo de “Supervivientes”, no de soldados, como lo eran hace apenas unas horas, y Pherp mostraba una faceta que al parecer nadie conocía.
Este es el principio del fin.
Fin.