Capítulo 5: El corazón del héroe
Raymundo entra en el corazón de Blazerang junto a MIndyblur y se encuentran con un universo abstracto en donde la filosofía y la ética cruzan caminos con la esencia de Blazerang.
—¡Desperté! — Gritó Raymundo exaltado, mirando para todos lados de forma desesperada y sin reconocer el lugar.
Era de nuevo, un sitio totalmente a blanco y negro, ni siquiera una escala de grises, parecía un bosque nevado con un profundo cielo totalmente negro. Todo parecía tener contornos negros, cuando Raymundo removió algo de nieve para ver la tierra, esta ni siquiera parecía tener sobra, solo blanco o negro, pareciendo dibujos ultra minimalistas.
—¿Dónde estoy? — Preguntó abrumado por la imagen que miraban sus ojos, que él simplemente no podía procesar.
—La mente de Blazerang lucía al revés — Respondió Mindyblur tomando un par de copos de nieve en su mano. —El cielo era totalmente blanco, mientras que los detalles eran más como una tinta negra. Es hermoso. — Dijo devolviéndole una sonrisa a Raymundo.
—Mindyblur… — dijo aliviado Raymundo, por primera vez no la veía sufriendo o llorando. —¿Cómo te sientes? — Preguntó algo preocupado por la situación.
—Es la primera vez que podemos hablar y ¿Me preguntas como estoy? — Preguntó extrañada —Usualmente suelen emocionarse y brincar jajaja.
La chica estaba riendo y paseando por el suelo nevado con total libertad, era evidente que se sentía segura y que podía mantener un animo más optimista en ese lugar.
—Estoy bien, ¿Tú como estás? ¿Eres Raymundo Mata, eso le dijiste al Clérigo, no es así? — Le respondió con confianza mientras le extendía la mano a modo de saludo.
—Si, yo… — Pero no pudo terminar porque Mindyblur saltó para darle un cálido abrazo. —Perdón…
—Perdóname, es que… has sido muy valiente y probablemente no tenga otro momento para agradecerte. Ahora, tenemos que buscar a Lyam Murphy, no tenemos mucho tiempo. — Y la chica comenzó a correr directo al bosque.
Raymundo le tuvo que seguir el paso mientras terminaba de procesar todo, su mente estaba muy confundida, pero le resultaba más confusa una cosa en concreto.
—¿Porqué estás tan calmada? — Preguntó con cautela, pues no quería que Mindyblur volviera a reaccionar mal.
La chica se detuvo de golpe y trató de ver a Raymundo a los ojos, pero no pudo y acabó con la mirada al suelo. Tragó saliva antes de poder decir algo, aún así, no pudo mirarle y decidió responder dándole la espalda.
—En la mente de Lyam, tengo miedo del Clérigo, es muy poderoso aquí, pero incluso afuera… tengo terror. No sé donde me tiene, pero estoy con él en el exterior, me hace cosas horribles, él… secuestró a mi hija. Pero aquí, estamos en el corazón de una persona, el lugar más seguro de cada individuo no importa cuánto puedas negarlo, tu corazón siempre será tu lugar seguro. Aquí siento paz.
Raymundo entonces entendió donde estaban y porque todo tenía una pinta tan extraña. Miró a su alrededor y respiró profundamente. Fue consciente de sus latidos por un momento y al exhalar, su cuerpo se relajó por completo, agudizando su oído y empezando a escuchar risas, voces y frases que le abrumaron.
—Ya las oyes, ¿Verdad? — Preguntó mientras se acercaba a un árbol para tocarlo, este brilló y se agitó levemente, al tiempo que el llamado de una mujer diciendo “La comida está lista” se escuchó dentro de la cabeza de ambos.
—Son sus recuerdos más apreciados, memorias profundas que marcaron quien es hoy… de aquí viene la nostalgia. — Le dijo Mindyblur secándose las lágrimas y volviendo a sonreír. —Este sitio está lleno de ellas.
Un viento sopló por los árboles agitando sus hojas, creando una oleada de voces y pensamientos que llenaron las mentes de ambos, en estos no solo se oían momentos felices, también escucharon el último “Te quiero” de una mujer, un regaño de “Los hombres no lloran” de un hombre y una voz más joven diciendo “Nunca serás como Power Hope”; a este recuerdo le acompaño un grito que pareció no sorprender a Mindyblur, pero si a Raymundo, quien sintió un escalofrío, pero tras asumir que era parte del mismo recuerdo, se reincorporó y siguió caminando.
Esto llamó más la atención de Raymundo, pero MindyBlur se giró hacia él con una mirada tranquila y le dijo.
—También los malos recuerdos nos forjan, a veces convertimos nuestras inseguridades en motivación, nuestras motivaciones en obsesión y nuestras obsesiones en dolor.
—Parece que me lees la mente — intentó bromear Raymundo
—He estado en tantas que aprendes a ver y a sentir cómo ellos. Es la primera vez que estoy en el corazón de alguien, pero se siente como si siempre hubiera vivido aquí. — Respondió amablemente la chica.
Raymundo caminó un poco más detrás de Mindyblur, en silencio, observando a los alrededores y viendo como no solo había sonidos de recuerdos en el ambiente, sino que de vez en cuando, se podían ver las sombras de momentos del pasado, viendo la sombra de Lyam infante y un Lyam adulto peleándose. La más significativa fue aquella donde se veía la sombra de cuando Lyam se posó frente al espejo por primera vez con el traje de Blazerang.
Raymundo miró por varios minutos aquella sombra, sentía que presenciaba un momento muy importante en la vida de una persona, porque lo era, pero la admiración de lo que presenciaba le hacía querer mirarlo una y otra vez.
A cada paso, poco a poco sus pies se hundían un poco más y más, hasta que se dio cuenta que estaba posando sus pies sobre huellas que encajaban exactamente con sus botas; entonces se quito su máscara para ver con mayor detenimiento su descubrimiento.
Observó que incluso las marcas en la nieve coincidían con la suela de sus botas y siguiendo el camino, incluso percibió que las sombras comenzaban a repetirse. Sin darse cuenta, habían dado la vuelta a todo el lugar.
—Mindyblur… creo que le hemos dado la vuelta al sitio. — Avisó totalmente consternado. Ella se detuvo y con curiosidad miró que también estaba pisando sobre sus propias huellas, solo que estas tenían la forma de sus pies descalzos.
—Oh, claro jajaja. ¿No esperabas que fuera eterno el sitio verdad? El corazón de las personas es seguro porque es pequeño. Sólo momentos muy selectos viven aquí y no abarcan mucho espacio. — Dijo comenzando a caminar en otra dirección, esta vez girando noventa grados para cruzar en cruz el lugar.
—No quiero asumir que estamos perdidos, pero ¿Qué estamos buscando? — Se animó a preguntar Raymundo.
—Estamos buscando el momento donde todo se perdió y Lyam se quedó encerrado aquí — Respondió, pero al ser tan críptica su respuesta, Raymundo la miró con cara de desconcierto, pero aún así siguió caminando, salvo que Mindyblur si se percató de la mirada del muchacho.
—Lo entenderás cuando lo veas… hasta cierto punto, yo tampoco sé muy bien como funciona esto, es solo, me estoy moviendo a base de presentimientos que tengo por tener este poder. — Le respondió algo incómoda.
—El clérigo hizo algo, no sé qué, pero pareciera que potenció mi poder de controlar mentes y ahora puedo llegar hasta aquí. — Se intentó explicar Mindyblur, pero poco a poco sin darse cuenta, dejó de mirar a Raymundo y se perdió en sí misma.
—Todo lo que ves en la mente de Lyam, esto, su corazón, nunca lo he experimentado tampoco, pero hasta cierto punto es solo una proyección masiva de la mente de las personas, un sitio al que entraba cada que controlo a alguien, así que, a pesar de lo extraño, todo me resulta familiar. — Terminó, pero una vez regresó a la tierra, miró la cara de Raymundo, totalmente en blanco, pero haciendo su mayor esfuerzo por entender.
Raymundo miró al suelo, digiriendo en su mente la explicación y recordando cuando era niño. Las voces del recuerdo se volvían más palpables y fuertes en este ambiente. El recuerdo era de cuando tenía 10 años y le pedía cinco pesos a su mamá. “Sólo tengo dos pesitos mijo”. Escuchar la voz de su madre le hizo girar de golpe hacia atrás, sin haber nada realmente.
“Mamá, le ayudé a Don Eladio y me dio diez pesos, compré más cartas, ¡Mira!”, decía la voz del propio Raymundo pequeño. Él seguía tratando de concentrarse, las voces y el recuerdo comenzaba a abrirle un hueco en el pecho y cerrar un nudo en su garganta, pero aún así trataba de concentrarse: La carta, esa carta le ayudaría a entender por completo lo que pasaba.
Finalmente, la descripción que necesitaba. La carta era de un juego que salió en esos tiempos, cuando en The Five Continents aún peleaban Mindyblur y Blazerang, justamente, le había salido la carta de Mindyblur, cuya descripción de poder decía:
“Midyblur
Edad: Desconocida, se estima en 30 años
Cumpleaños: 7 de agosto
Identidad: Desconocida
Poder: ¡BluryMind! Permite al portador poder controlar la mente del enemigo, sin importar su propia voluntad. Entre más unida esté la persona a Mindy, más potente será su control y más difícil será para el controlado deshacerse de los efectos del poder de la chica.”.
Entonces, algo en Raymundo se prendió, levantó la cabeza y miró a Mindyblur, quien estaba apuntando al suelo, algo le decía, pero su cabeza estaba estallando de la emoción, así que no la escuchaba.
—¡Mindyblur! — Gritó, pero la chica se acercó y lo giró con fuerza, para ver el rastro en la nieve de algo siendo arrastrado, solo se veían los surcos, pero era algo grande que bajaba la colina.
—¡Mira Raymundo! — Gritó y finalmente regresó al chico a sus cinco sentidos, mirando la huella en la nieve y quedando tan consternado como ella.
—Es… ¿Qué es? — Preguntó el chico.
—No sé, pero hay que seguirlo — Dijo mientras se bajaba para surcar el mismo recorrido de la huella gigante.
—No crees que…
—Un corazón… — Dijo deteniéndose solo para mirar a Raymundo. —Y menos un corazón como el de él, jamás sería peligroso. — Dijo antes de girarse para salir corriendo y seguir el camino.
—¡Mindyblur, espera! — Gritó, pero la chica ya no le escuchaba y solo podía ver como se alejaba; pero la determinación de Raymundo seguía siendo fuerte y comenzó a seguirla.
—¡Mindy! ¡¿Cuál es tu relación con Blazerang?! — Gritó a lo lejos, cosa que pareció consternar totalmente a Mindyblur quien cayó al suelo de golpe.
Raymundo corrió más rápido para alcanzarla, creciendo más su preocupación al ver que no se levantaba, solo para ver al final que esta estaba llorando, sollozando en silencio, pero con fuerza, sin tener una sola lágrima en sus ojos.
—¿Mindy? — Preguntó preocupado.
—Él… era todo para mí. A mis ojos era el tipo de persona por la que abandonaría todo… por la que abandoné el equipo — respondió entre sollozos y Raymundo solo la miró con concentración.
—Tú… cierto, abandonaste The Five Continents poco después de Blazerang, “El fin de la era de fuego”, le llamaban. Entonces… ¡Tu hija! — Gritó exaltado mientras sentía que su mente le explotaba.
Mindyblur miró con suplica a Raymundo, para después asentir y agachar de nuevo la mirada.
—Quisimos mantenerla en secreto, ser privados… vivir una vida normal. — Dijo intentando respirar por el llanto.
—Entonces… Es por esto que te sentías tan bien en este lugar, es un corazón que ya conoces, pero… ¿Por qué lo estás controlando? — Preguntó confundido, en su mente casi todas las piezas encajaban, menos esta. —¿Por qué no simplemente dejar de usar tu poder y que todo esto acabe?
—Lo intenté… muchas veces en esta hora, desde que te fuiste. Simplemente, ahora él tiene el control… es la naturaleza de mi poder. — Dijo antes de volver a llorar con intensidad.
—Entonces, ¿Por qué no te vi ni a ti, ni a tu hija en los recuerdos de su corazón? — Dijo confundido, entrecerrando los ojos y tratando de darle forma a la respuesta en su cabeza.
—Porque ellas no son un simple recuerdo, son el centro. — Respondió una voz por detrás.
Raymundo giró alarmado y nervioso, solo para ver un Lyam Murphy vistiendo una bata de hospital, más flaco y demacrado, con ojeras y piel pálida, pero aun así, con una sonrisa cálida.
—Eres… ¿Blazerang? — Preguntó extrañado mientras se ponía alerta.
—Jajaja, lo sé, no parezco. Pero así soy aquí, este “Yo” fue lo que me definió de por vida. — Dijo y caminó hasta Mindyblur, ayudándola a levantarse y rozando su mejilla, antes de soltarla y seguir su camino, el mismo camino que la huella que estaban siguiendo antes Raymundo y Mindyblur.
Estos lo siguieron en silencio y sin cuestionamiento por un largo tiempo, recorriendo más camino incluso que cuando le dieron la vuelta al corazón de Lyam, acercándose de a poco a las faldas de una gigantesca piedra que se levantaba de a poco, haciendo una rampa gigante, en la cual al final yacía una luz gigante que apuntaba al cielo y se perdía en la negrura de este.
—¿Qué hacemos aquí? — Preguntó Raymundo mirando como mosca a la luz.
—La verdad es que no sé… — Respondió Lyam. —Cuando entraron aquí, sentí una necesidad imparable de detener mi rutina para ir con ustedes, pero en cuanto los toqué… me dio igual, ahora, volveré a mi rutina.
Entonces el sujeto se salió del camino para encontrarse con una piedra esférica gigante que rodó hasta el camino y comenzó a empujar rumbo a la rampa, en escalada y a pesar de que esta se volvía a cada metro más y más empinada.
—Espera, entonces ¿Nos vas a dejar así? — Preguntó consternado Raymundo.
—Ah… no realmente — Respondió calmado, con una mirada serena. — Esa luz se encendió cuando llegaron, supongo que al cruzarlo se… irán de aquí. — Entre más empujaba la roca, más y más le pesaba, soltando algunas llamaradas.
Algunos susurros comenzaban a escucharse, ninguno era amable sino más bien voces hostiles susurrando ira, decepción, orgullo, arrogancia. A Raymundo esto le pesó de golpe en el pecho y no pudo evitar sentirse abrumado, cuando una voz de hombre, muy ronca, azotó todos los alrededores y se escuchó con fuerza:
—¡Pero sigues insistiendo en tu estúpido sueño!, Mirate, gigante entre esas llamas y aun así no te sientes suficiente, entiéndelo maldita sea, No eres ni serás ese maldito superhéroe, ¡Nunca serás como Power Hope! — La voz parecía venir de todos los sitios y generaba un viento tan fuerte que hacía que los árboles se movieran con fuerza.
Lyam Murphy pegó un grito desgarrador, un grito con un dolor que hizo a Raymundo encogerse y cerrar los ojos, solo para ser sorprendido por el suelo temblante y el sonido de la roca girando cuesta abajo a toda velocidad. Lyam cayó al suelo y de pronto todo se calmó. Raymundo abrió los ojos y se acercó a Lyam.
—Estoy bien, descuida, esto es… es rutina. — Dijo levantándose con dificultad, para después caminar de regreso hasta donde estaba la roca. Estaba en el mismo sitio donde Mindyblur comenzó a correr de Raymundo, donde él los encontró y simplemente se puso detrás de la roca y la comenzó a rodar de nuevo.
—¿Harás esto de nuevo? — Preguntó extrañado Raymundo.
—Pues… si, ¿Qué más puedo hacer? — Respondió rodando con fuerza la piedra.
—¿Y qué esperas con esto?
—Espero algún día poder deshacerme de esta piedra, porque siendo sinceros… siempre ha pesado mucho y últimamente pesa más, no sé por qué… — Dijo deteniéndose por un momento para tomar aire.
—¿Y porqué no simplemente la dejas ir? — Preguntó con extrañeza al ver lo inútil de su actuar.
—Porque tengo miedo de no tener nada si la suelto — respondió con frustración.
Esto último llamó la atención de Raymundo, pues el tampoco tenía nada, entonces se agachó y se sentó, tomando a Lyam del brazo y obligándolo a sentarse también en la nieve.
—No sé si sea bueno, pero yo no tengo nada que me sostenga, hace mucho dejé de confiar en mi… — Dijo mirando al suelo. —Sólo tengo la esperanza de que mi hermana termine su preparatoria y su universidad con mi trabajo, después de eso, puedo morir incluso… yo habré terminado con mi propósito.
Lyam miró a Raymundo pensando que lo que acababa de decir era sumamente deprimente, pero contrario a lo que esperaba, este tenía una mirada firmemente motivada, unos ojos cansados, pero con una leve sonrisa que cuando cruzaron miradas, convirtió en una mirada completa.
—Descuida jajaja — Agregó tras ver la mirada de asombro de Lyam. —Muy probablemente cuando ayude a que mi hermana tenga un futuro, cuidaré de mi mamá para que ya no tenga que trabajar y finalmente descanse de forma apropiada, es lo menos que se merece por cuidar de alguien como yo.
—¿Cómo es alguien como tú? — Preguntó extrañado Lyam.
—Alguien que se perdió en algún punto de su vida. Nunca pude encontrarme, así que asumí que estaba perdido… entonces, que mejor forma de enmendarlo que evitando que alguien más se pierda.
La conversación fue interrumpida por el sonido de los pasos de Mindyblur, quien iba llegando y traía consigo una mirada totalmente consternada, como de quien ha visto a un muerto. En sus manos traía una fotografía, fotografía que le entregó a Lyam extendiéndole los brazos, llorando de nuevo sin lágrimas.
—¿Qué es esto? — Preguntó Lyam.
—Tú me contaste una vez… cuando eras sólo un adulto joven, que perseguías con todas tus fuerzas a Power Hope, que lo veías como el número uno, que te comparaban en fuerza, pero a ti no te bastaba… me contaste que tu papá no te apoyó en tu carrera de héroe y que un día te hizo explotar tanto que quemaste todo a tu alrededor, incluso a ti mismo.
Raymundo lo volteó a mirar con urgencia a Lyam, quien parecía estar a punto de gritar, pero no decía nada. También miró a la luz brillante, entendiendo que lo que está describiendo Mindyblur es el momento que ese escuchaba en la cima de la rampa gigante.
—Despertaste días después con tus heridas curadas, pero tu salud se había deteriorado muchísimo y los médicos no sabían encontrar lo que tenías… Y por casi un año solo se te veía así, delgado, en bata de hospital…
Mindyblur empezó a llorar completamente, sin acercarse, pero sin dejar de mirar a los ojos a su amado.
—¿Este fue el momento que marcó tu vida?...
—Si. — Respondió Lyam con la mirada gacha. —Nunca pude recuperarme de esto, intenté avanzar, pero a donde quiera que fuera… él estaba ahí… y sin darme cuenta, comencé a cargar con esta roca.
—No debiste cargarla solo… — Le respondió alzando los brazos. Lyam corrió a abrazarla y juntos lloraron sin una sola gota saliendo por sus ojos, solo, ese sonido de sollozo que se hace con el dolor.
—No quería que cargaras con un peso que no te correspondía…
Mindyblur se apartó con delicadeza y sin dejar de tomarle la mano, se dirigieron juntos hacia la roca, poniendo ambos sus manos sobre ella.
—Raymundo… quiero que también nos ayudes. — Dijo Mindyblur, haciendo que el chico voltease a mirar a Lyam, quien le devolvió una mirada de aprobación y asintió con la mirada.
Los tres tenían las manos en la roca y comenzaron a empujar. Tanto Mindyblur como Raymundo se dieron cuenta de que la piedra no se caía solo por la empinada rampa, sino porque a cada metro la roca pesaba más y más.
Al llegar a las faldas de la rampa, los tres se detuvieron; Mindyblur miraba al suelo con una mirada seria, pero con ojos muy abiertos que reflejaban su miedo; Lyam Murphy también tenía miedo, pero el miraba hacia arriba, hacia el punto y Raymundo los miraba con duda, pues no sabía realmente lo que fuera a pasar una vez llevaran la piedra a la cima.
La primera en empujar de vuelta fue MIndyblur y los otros dos le siguieron sin pensarlo mucho, para Raymundo la roca le pesaba toneladas y a cada empujón dudaba más y más del cómo le hacía Lyam para cargar esto una y otra vez, hasta que de pronto sintió una brisa que a cada empujón se hacía más y más fuerte.
Lyam comenzaba a sacar fuego por sus brazos y aquel viento se sintió como un tornado que pudiera arrastrarlos en cualquier momento.
—¡Te han arrastrado a su mundo y has abandonado el nuestro! — Se escuchó aquel grito en todo el lugar, retumbando en los oídos de los tres.
—¡No lo escuches, Lyam! — Le gritó Mindyblur. —Tú sabes lo que lograste… tú sabes quien eres y porqué llegaste hasta aquí, ¡No olvides quién eres! No olvides el porqué me casé contigo… No olvides a Mera…
Entonces Lyam comenzó a empujar con más fuerza, los regaños seguían, pero por más que gritaban y susurraban cosas en todo el aire, los tres seguías empujando y empujando, hasta que llegó un punto en el que Mindyblur y Raymundo se detuvieron, ahora Lyam iba solo, hasta llegar a la cima de la rampa y la roca cayó al abismo, escuchándose un golpe secó que dejó a entender que esta se había destrozado al caer.
Entonces todo el sitio comenzó a temblar de forma violenta, haciendo que todos corrieran hasta las faldas, revelando que la rampa siempre fue la nariz de una estatua gigante que se levantó, revelando ser una figura de roca de Mindyblur que cargaba en sus brazos a una niña de coletas muy parecida a ellas.
Detrás de la estatua surgió un Lyam de roca gigante que abrazó a las dos personas de en frente, finalizando con la estatua de Mindyblur estirando su brazo y creando un puente hacia la luz que los transportaría afuera.
—Bien, podemos irnos — Dijo decidido Lyam, quien había perdido por completo su aspecto demacrado y su túnica de hospital se había convertido en su traje de superhéroe.
—¿También vendrás? — Preguntó extrañado Raymundo.
—Claro muchacho, alguien tiene que demostrarle a ese fracasado quién es Blazerang en realidad, ¡Porque en todo este tiempo no ha tenido tiempo de ver quién soy! — Dijo mientras llenaba su cuerpo de un fuego muy avivado y con una arrogancia que no había mostrado hasta ese momento.
—Bien, vamos Mind… ¿Mindyblur? — Dijo Raymundo, pero miró que esta seguía mirando al suelo y sin moverse.
—No quiero irme… — Susurró, a lo que se acercó Lyam para abrazarla. —No quiero, allá él tiene el control, él es más fuerte que yo… — Contestó con miedo, pero Lyam le abrazó de la misma forma en que la estatua lo hacía.
—Pero ahora no estarás sola, yo te protegeré. — Le dijo con una sonrisa que bastó para que ella comenzara a avanzar lentamente, siendo al final, la primera en entrar a la luz.
—Te veo afuera… — Le dijo antes de desaparecer y subir en forma de luz al cielo y perderse entre el color negro de este.
Lyam entró en segundo lugar y también subió sin complicaciones, pero cuando Raymundo se puso debajo de la luz y empezó a subir, cerró de nuevo los ojos, esperando ser despertado de nuevo y estar en la mente de Blazerang, pero en su lugar, de nuevo se sintió como si se ahogara, le faltaba la respiración y cuando abrió los ojos, no miró la fuente, no miró nada, solo un profundo color negro.
Estaba de pie, sentía su propio peso y sabía que podía respirar, pero no sabía donde estaba. El sitio parecía blanco y negro también, pero ya no se sentía como el corazón de Blazerang, se sentía incluso más similar que eso, pero no pudo saber que era.
Estaba sobre una isla que igual parecía estar dibujada, Raymundo se agachó para ver al fondo, pero cuando puso una mano en la orilla de la isla, un puente pareció iluminarse alrededor de su mano, una luz que dejaba ver solo un metro a lo mucho, pero suficiente para ver que llevaba a algún sitio.
Extrañado, Raymundo comenzó a caminar por este caso, a cada paso se iluminaba un poco más del puente, pero este se apagaba apenas se alejaba y el miedo le hacía ver cada paso para evitar caer. Poco apoco se empezó a vislumbrar una segunda isla, la cual tenía un árbol partido por la mitad y en sus ramas un montón de ropa tendida. Todo el lugar comenzaba a reproducir un tarareo leve, “Hmmmm hmmm hmmmmmmmm hmmm” de una voz femenina que no pudo reconocer.
—¿Quién está ahí? — Preguntó Raymundo, pero no recibió respuesta, entonces decidió caminar alrededor de la isla con una hipótesis en mente, la cual se confirmó cuando un segundo puente se iluminó brevemente y Raymundo lo comenzó a cruzar sin dudarlo.
Este segundo puente lo condujo, no hacia una isla, sino hacia un muro pegajoso de color morado con manchas negras que hacía un ruido como de un lamento muy grave que inundaba todo el ambiente. Intentó tocarlo, pero simplemente su mano no era capaz de entrar en el líquido, pareciera que algo lo repelía.
—¡Mundo! — Gritó la voz de un niño a lo lejos. Esto llamó mucho la atención de Rayundo pero no logró entender por qué.
—Mundo… ¡Mundo no me olvides! — Y entonces una pequeña mano comenzó a asomarse, era como la de un niño, se veía como si quisiera atravesar el líquido que servía de pared, quedándose apenas a punto de romper la superficie, pero sin terminar de hacerlo.
El tarareo que escuchó en la isla anterior se empezó a escuchar de nuevo, cada vez con más intensidad y Raymundo casi en transe acercó lentamente su mano, esta vez sin ser evadido por nada, tocando finalmente el líquido y en última instancia, la mano que estaba a punto de salir.
—Me olvidaste. — Respondió la voz del niño esta vez con un tono apagado y totalmente serio.
Entonces Raymundo sintió que fue jalado hacia arriba sin darle tiempo a cerrar los ojos o tragar aíre, el cielo se transformó en líquido en algún momento y sus ojos se llenaron de tinta, para finalmente ser expulsado con violencia hacia la mente de Blazerang, donde ya se encontraba de pie Mindyblur rodeando a Erasmo para sacarlo del agua de la fuente.
En cuanto se puso de pie, Lyam Murphy se levantó de golpe, derramando toda la tinta y cobrando consciencia nueva mente.
—Agghh… qué asco. — Expresó mientras se envolvía con llamas para tener su traje en su propia mente de nuevo. —Ahora amor, saca a ese bastardo de mi mente.
A esto, Mindyblur agarró el cuerpo de Erasmo y lo arrojó detrás con fuerza, pero este en vez de enojarse o renegar, se comenzó a reír con sadismo.
—Jajaja, tú, Mindyblur, ¿En serio pensaste que despertando a este super ibas a tener una chanza de salvarte? Te recuerdo lo que está en juego, perra… — Le dijo con rabia en su tono, su rasposa voz caló directo en la mente de Blazerang quien se puso en frente de ellos.
—Te llamas Raymundo, ¿Verdad? Necesito que te vayas y nos ayudes desde fuera. — Le dijo Blazerang en voz baja, para luego dirigirse a Erasmo. —Y tú, maldito deforme con poderes raros, te vas a disculpar con mi esposa y después vas a abandonar mi cabeza.
Raymundo no lo pensó demasiado y salió corriendo a la fuente para recuperar la consciencia, Mindyblur estaba lista para luchar y Erasmo buscaba con la mirada cualquier forma de recuperar el control de la consciencia de Blazerang.
—¡Desperté! — Gritó de nuevo Raymundo al volver a su cuerpo, solo para ver a Blazerang con un par de látigos de fuego en sus manos, con mirada perdida, entendiendo que era así por la pelea interna en su mente.
—Oh mierda… — Dijo cuando miró a sus alrededores.
Había por lo menos veinte cadáveres, entre ellos el hombre de las cicatrices que le platicó sobre el Sargento de la Torre, mirando más lejos incluso, se veía el cadáver de un reportero que aún sostenía su micrófono y, por último, frente a él se observaban al Sargento de la Torre con Pherp a un lado.
—Sargento… — Intentó decir Raymundo, pero fue interrumpido por este mismo.
—No te preocupes, chico, aún así puedo seguir peleando. — Dijo mientras levantaba brevemente sus brazos, ambos, los cuales estaban completamente destruidos, sin antebrazo, sin mano, solo dos trozos gigantes de cerámica destruidos como si fueran cristal.
—Descuida muchacho, Pherp protegerá… a los que quedan. — Dijo también girándose hacia Raymundo y levantando su pulgar para calmarle, pero su mano estaba totalmente ensangrentada.
Por ambos frentes se estaba librando una intensa batalla, el tiempo no se detuvo en el corazón de Blazerang, mucho menos en su mente y Erasmo aprovechó muy bien su títere que estaba a punto de perder, este es el round final.
Fin.