The Five Continents


Adéntrate en este mundo protegido por The Five Continents, el equipo de superhéroes más grande del mundo. Acompaña a Raymundo mata, un chico que solo quiere pagar la preparatoria de su hermana, uniéndose a la Organización Internacional de Protección contra los Super (OIPS) y sobreviviendo a las adversidades que el oficio conlleva.

Portada de The Five Continents - Novela de fantasía y ciencia ficción
Portada del capítulo 4: Adrenalina

Capítulo 4: Adrenalina


Tras una explosión devastadora en Sidney, Raymundo se enfrenta a Blazerang creyendo haber despertado un poder oculto. En medio del combate descubre que nada es lo que parece: un ente llamado Erasmo controla la mente del exhéroe y mantiene cautiva a Mindyblur. Entre miedo, errores y determinación, Raymundo debe sobrevivir, aprender y dar el primer paso hacia un conflicto mucho más grande que él.


—La noche parecía convertirse en día por un momento, una serpiente de fuego parecía convertirse en fénix al extender sus alas. — Decía de forma poética Sarah mientras cubría el momento, a pocos instantes de narrar la explosión ocurrida que derrumbó varios edificios de la colonia natal de Lyam Murphy, en Sidney.


En medio de esta colonia, yacía una fuente medio destruida que derramaba su agua por el piso a través de una grieta; el agua recorría el suelo hasta comenzar a manchar unas botas muy reforzadas que caminaban con sigilo hasta llegar a la espalda de Pherp.


—Oye. — Le dijo con un susurro que hizo dar un brinco a Pherp, que casi grita, si no fuera porque el sargento de la Torre rápidamente le puso su mano en la boca y le hizo Shhh para calmarlo.


—coronel de la torre, que gusto verlo con vida. — Le susurró Pherp con alivio.


—Sargento y mejor dime que carajos está haciendo tu amiguito allá. — Respondió con indiferencia, pero también con cierto enfado en su voz.


—La verdad es que Pherp no entiende al muchacho, dijo algo de control mental y la muchacha del muro. — dijo apuntando con su mirada al mural de Mindyblur. — Pero vi algo en sus ojos, coronel, que me obligó a dejarlo ir, el muchacho tiene algo especial.


El sargento de la Torre observó detenidamente a Raymundo, quien caminaba de a poco para tratar de llamar la atención de Blazerang. En sus ojos vio un brillo, el mismo brillo de la luna, pero entonces se dio cuenta de lo que sucedía.


—Ese brillo, Pherp, es su pupila tan dilatada por la adrenalina, seguramente por el accidente. — Dijo con cierto reclamo a su hipótesis que estaba casi en lo correcto, pues Raymundo tenía una descarga de adrenalina por todo lo que vio en la mente de Blazerang. 


Por su parte, Raymundo se colocó la máscara para estar con el mismo aspecto que tenía cuando entró en la mente de Blazerang, cruzó miradas con este y finalmente este sonrió, apagando todas sus flamas de golpe y dejándose caer.


—Así que al fin te revelas, soldado. — Le dijo con agresividad tras aterrizar de golpe en el suelo.


—Y veo que tu sigues sin revelarte, como hombre… — Le contestó determinado Raymundo mientras se cubría de a poco con los puños, invitándolo al combate. —¿Usarás los poderes de Blazerang?


Erasmo desde la mente de Blazerang sintió emoción por esto y con una risa macabra, procedió a sumergirse más dentro de la pileta de agua, formando en Blazerang una máscara con flamas color morado y con el mismo patrón que la máscara de Erasmo.


—Jajaja, si pensaba usarlos, para acabar rápido contigo, pero… si esto es lo que deseas, soldado. — Y también se puso en pose de pelea.


Raymundo respiró profundamente y por un momento se visualizó a sí mismo llegando victorioso a su casa, siendo la revelación que derrotó a Blazerang y llenándose de determinación con esta idea. Vio prácticamente a cámara lenta como Blazerang cargaba su puño y lo lanzaba para golpearle.


Para Raymundo incluso fue tonto que se moviera tan lento, pues la velocidad a la que esquivó el golpe fue muy absurda, por lo que aprovechó y muy confiado se abalanzó con un golpe de regreso… pero para sorpresa de él, Blazerang también esquivó y le clavó un gancho en el hígado que le hizo ver borroso por un instante y un flamazo color morado salió del impacto.


Intentó tomar el brazo del superhéroe, pero este le recibió con un golpe que le hizo girar la cara y otro y otro, hasta que se cansó y lo pateó de frente para tirarlo al suelo. Cada golpe creaba una pequeña flama color morado que a Raymundo le recordaba al momento en que entró a la mente de Blazerang, pero a Erasmo poco le importaba, pues se estaba divirtiendo tanto con su vendetta contra el chico que lo ignoró completamente.


—JAJAJAJA, ¿De verdad esto era todo lo que tenías, soldado? — Le dijo de forma burlesca Blazerang mientras le pateaba las costillas, lanzándolo un par de metros, cerca de la fuente donde se escondían Pherp y el sargento De la Torre.


—En serio tenía expectativa, al menos el equipo que asesiné en la mañana dio pelea. ¡Vamos, defiéndete, SOLDADO! — Le gritaba con más y más enjundia mientras caminaba hacia Raymundo.


—Tanta rudeza adentro de la mente de este imbécil ¿Dónde está ahora? — Esto último llamó la atención de la Torre, quien se giró con Pherp, ambos atónitos por lo que mencionaba.


Raymundo apenas si podía respirar, su traje era tan resistente que le salvaría de morir destrozado por esta pelea, pero no de la falta de oxígeno por los golpes propiciados por Blazerang, pero, aun así, con el mareo más intenso que había sentido en toda su vida, se levantó de nuevo en la misma pose para cubrirse, mostrando sus ojos a través de los lentes, dejando ver una mirada seria y pupilas sin dilatar.


—Te tengo miedo. — Le dijo mientras aún hiperventilaba. —Y sé que me puedes ganar.


—¿Intentas ganar tiempo? — Le contestó Blazerang confundido.


—Pero mientras estés dentro de ese cuerpo no te pertenece y que tienes secuestrada a Mindyblur, no puedo caer ¡Porque yo los salvaré! — Gritó lo que hizo a Blazerang poner una cara de asco ante la valentía del chico, pero no sería el único en reaccionar pues el sargento de la Torre se puso alerta.


—Pherp, vamos. — Le dijo mientras se ponía de a poco de pie.


Raymundo corrió contra Blazerang cargando su puño mientras Blazerang sacaba de su mano un par de boomerangs que estaba dispuesto a lanzar.


—Bien, soldado, entonces muere con el honor más estúpido que he visto. — Lanzando los boomerangs contra Raymundo quien ya estaba cerca.


Para sorpresa de ambos, una nube de polvo gigante inundó el sitio y Blazerang salió volando en cuanto impactó con el puño de Raymundo. Erasmo salió de la fuente por un segundo al sentir el impacto con asombro, pensando si Raymundo era un super.


—Yo… — Dijo Raymundo sin terminar la frase tras abrir los ojos y ver a Blazerang tirado sobre las escaleras de la puerta de un edificio departamental, su máscara de fuego había desaparecido y se notaba confundido y adolorido.


Simplemente no podía creerlo, poco a poco la nube de polvo se dispersaba y la idea de que era super fuerte le empezaba a llenar la cabeza, pero entre menos polvo había, más se empezaba a ver el brazo de Pherp, grueso como un tronco, por encima de Raymundo y en la posición que le hizo deducir a Raymundo, que este había dado el impacto real.


—Perdón chico, traigo órdenes del coronel de la Torre. — Le dijo para romper la tensión. —Y también… no te iba a dejar morir, fuiste muy valiente tu muchacho.


A pesar de todo, Raymundo sonrió aliviado, pues en su cabeza realmente pensó que este acto podía salir muy bien o simplemente podría ser su último movimiento. Después otro pensamiento invadió su mente y quiso expresarlo.


—Gracias, pero no actué bien… todo mi objetivo al unirme a la OIPS estuvo a punto de irse al carajo por hacerme el héroe. — Dijo pensando en su hermana, en su mamá y en todo lo que enfrentarían si Raymundo muriese.


—¿Y que quieres hacer tú muchacho? — Le preguntó curioso Pherp.


—Aún quiero ayudar a Blazerang y a Mindyblur, pero siendo más cauteloso. — Contestó determinado, esta vez, realmente determinado.


—Entonces. — Contestó el sargento de la Torre quien se iba acercando. —Te ayudaremos chico.


El sargento de la Torre se había quitado su gabardina, dejando ver que su uniforme debajo es solo una camisa negra y un pantalón militar oscuro, sin aditamentos especiales ni mejoras. A Raymundo le sorprendió esto pues incluso Pherp que fue el que lanzó por los aires a Blazerang tenía un traje ultra especializado para el combate.


—Sólo, enciende tu comunicador. A partir de ahora quiero que todos escuchen todo. — Le dijo cambiando su tono a uno más serio.


De la Torre se tronó los dedos con las manos, pero en lugar de hacer el típico Crac de los huesos, se oyeron fuertes ruidos metálicos, cómo si una viga se hubiera doblado a pura fuerza bruta. Raymundo, quien no había dejado de verlo, observó como la piel de sus brazos se caía y dejaba ver unos brazos muy brillantes como porcelana, pero que con cada movimiento hacían un rechinido muy metálico.


Raymundo acató la orden, encendiendo su comunicador permanentemente para que los sobrevivientes a la explosión pudieran escuchar lo que sucedía.


—Escuchen, chicos. Aquí Raymundo Mata tiene que poder alcanzar al fugitivo, tenemos que protegerlo a toda cosa. Explícales, chico. — Dijo el sargento de la Torre a través del canal global de comunicación, cuando este cedió la palabra a Raymundo, los quejidos y voces se callaron de golpe.


—Bien… creo que puedo entrar de alguna forma a su mente, está siendo controlado. — El decir esto, desató una oleada de críticas y murmullos a la idea, cosa la cual le llenó de vergüenza.


—Silencio. Tengo motivos para creer que lo que dice es cierto, además, nos hemos enfrentado a cosas más locas. — Reafirmó el sargento con total calma.


Raymundo se aclaró la garganta y continuó. —Creo que los golpes activan una especie de conexión que me deja entrar a su mente, necesitamos liberar a Mindyblur…


—¿Mindyblur?... Su poder es controlar mentes, pero ¿Porqué carajos estaría atacando Sidney? — Preguntó una voz interrumpiendo a Raymundo.


—Necesitamos traerla con nosotros para comprender todo en un interrogatorio, por ahora es toda la información que tenemos. — Respondió el sargento de la Torre.


—Esperen… — Interrumpió Raymundo con mirada seria. Al mismo tiempo, Blazerang comenzaba a despertar. —Hay alguien más adentro de su mente, un hombre. Tiene una máscara con un patrón extraño, como una sonrisa hecha de espirales… él, es él quien tiene el control, de alguna forma obliga a Mindyblur a utilizar su poder y él tomar el control. No nos enfrentamos a uno ni a dos super continentales renegados… nos enfrentamos a algo más.


En eso de los escombros salía enfadado un Blazerang enfadado, así como también lo estaba Erasmo en su mente, totalmente desquiciado.


—¡Así que esto es a lo que vamos a jugar ahora! — Gritó con mucha furia y saltó hecho una serpiente de fuego contra Raymundo, pero rápidamente Pherp y de la Torre se interpusieron.


El sargento de la Torre cerró sus puños y estos quedaron totalmente rígidos, golpeando de frente a Blazerang, que rebotó dos veces contra el suelo antes de levantarse y arrojar cientos de Boomerangs en ráfaga. 


—¡Esto no me detendrá, pendejos! — Gritó con furia, pero entonces los brazos del sargento se destensaron al momento que este extendió sus brazos y los chocó en cruz; estos comenzaron a enrollarse como goma en espiral hasta formar un escudo y se endurecieron de nuevo, bloqueando todos los boomerangs en medio de explosiones al chocar.


Ambos, tanto Blazerang como el sargento aprovecharon esto, pues Blazerang ante el humo creciente, decidió aventarse con todas sus fuerzas de forma kamikaze contra el sargento, al mismo tiempo, este último se limitó a ordenar.


—¡Ahora Pherp! — Gritó el sargento alzando los brazos mientras los regresaba a su forma original. Detrás de él salió Pherp golpeando de frente a Blazerang, saliendo disparado hacia atrás, pero antes de caer al suelo, se elevó en forma de serpiente.


—Oh no chico, tu no vas a ninguna parte. — dijo el sargento mientras volvía a hacer sus brazos de goma y los aventaba contra el muro de edificios cercanos, solo para que al final se volviera sólidos de nuevo y se clavaran en los ladrillos como ganchos.


Pherp aprovechó y rápidamente brincó usando de plataformas ambos brazos para abrazar a Blazerang y caer juntos contra el suelo, destruyendo el concreto con el golpe. En eso tomó a Blazerang por los brazos y lo levantó.


—¡Ahora muchacho, haz lo que tu estés intentando! — Le gritó a Raymundo quien había permanecido inmóvil ante la pelea.


Raymundo intentó salir corriendo, pero no se había dado cuenta de que una vez que la adrenalina abandona el cuerpo, el miedo regresa como un gigante que te presiona y no te permite moverte. La cantidad de ideas de formas de morir que atravesaron de golpe su cabeza le hacía sentir una ansiedad indescriptible para el muchacho; “¿Y si reacciona y me mata de golpe?”, “¿Y si resulta que todo su cuerpo es tan caliente como para destruir mi traje?”.


Luego vio la cara de Pherp, estaba esforzándose por mantener a Blazerang sujeto pero que, a cada segundo, perdía la pelea. Sus ojos reflejaban una enorme expectativa en Raymundo que temía profundamente decepcionar, lo que, a términos prácticos, significaba un miedo más que le paralizaba.


Tomó aire y un breve recuerdo pasó por su cabeza, pero que le ayudó a recuperar el control, comenzando a avanzar con dificultad, pero con gran paso firme, no dejó de aumentar su velocidad y de pronto ya se encontraba corriendo. A pesar de que sus ojos estaban al borde de las lágrimas, cargó de nuevo su puño y de forma decidida se acercó a su enemigo.


—Perdóname, ¡Blazerang! — Dijo más para sí mismo que para el ex héroe y de nuevo sintió como un manto de flamas moradas los rodeaban entre más se acercaba.


La esfera de fuego casi se cierra, pero Blazerang consigue liberarse y le clava un gancho en el estómago a Raymundo que lo lanza volando contra un poste. De la Torre y Pherp salen corriendo a toda velocidad para reposicionarse, pero este lo evita iluminando parte de la calle para finalmente hacerla explotar, tirando la fachada frontal de un edificio completo y dejando caer escombros por todas partes.


—No queremos molestias, soldado — Dijo molesto Blazerang mientras volvía a formar su máscara de fuego morado.


—Así que… esta tontería de entrar a la mente ocurre si tú me golpeas. — Dijo acercándose lentamente a Raymundo. —Pero… si yo te golpeo — Esta vez arrancó con una patada que rompió por completo el bosal de la máscara de Raymundo, descubriendo la parte inferior de su nariz y su boca.


—Si… si yo te golpeo no pasa nada. Igual ya no servirá de mucho saber esto, soldado… porque aquí merito te vas a morir, pendejo.


De sus manos salió un boomerang más afilado y con un fuego tan intenso que iluminaba tanto como una farola callejera. Alzó su mano para atacar, pero sintió de golpe un peso extra en este y entonces observó que del cielo había caído un pequeño dispositivo que parpadeaba a gran velocidad.


—¿Qué carajos es esto? — Pero su respuesta llegó al instante, pues esta explotó y creó muchísimo humo que Raymundo aprovechó para levantarse y con dificultad caminar hacia una zona segura.


Al lugar acudieron decenas de soldados gritando al unísono como guerreros en bola y comenzaron a pelear con Blazerang. Uno le arrogó una bola con picos gigante movida por una cadena, cosa la cual el ex héroe tuvo que esquivar con un salto, solo para ser recibido por un planeador que lo abrazó como Pherp hace un minuto, pero de este se salvó rápido, pues quemó los alerones con un boomerang.


Cuando cayó en el suelo, nada había terminado, pues su pierna quedó atorada en una trampa adaptada a piernas humanas; esta no lo lastimaba por completo, pero al quedar atascado, no podía moverse, pues la trampilla estaba fija al suelo. Con el cuerpo tuvo que esquivar varios objetos arrojadizos que le aventaron y agacharse pues varios de ellos terminaron explotando.


—¿Te gusta? — Dijo un soldado a un lado de Blazerang. —Es una compresión masiva de vacío, una vez se presiona contra el suelo, no hay nada en el mundo que lo despegue. Jajaja — Pero un irritado Blazerang no tuvo paciencia para el chico y con un boomerang luminoso, le arrancó la cabeza con un lanzamiento limpio.


Esto detuvo de golpe la pelea y Pherp acompañado del sargento de la Torre, quien apenas terminaban de subir por los escombros, vieron el cuerpo de un joven soldado caía inerte en el suelo.


—Bien… — Dijo de la Torre abandonando por completo su tono calmado de hablar. —Ya me hizo enojar. — Y entonces se dejó caer al campo de batalla, llamando la atención de los ya atónitos soldados.


—¡Ja jaaa! — Gritó un soldado con la cara llena de cicatrices, pareciendo un pirata. —¡Es hora, chico! — Este hombre estaba abrazando a un lastimado Raymundo, que aún se agarraba las costillas del dolor.


—¿Hora de qué? — preguntó confundido.


—De ver al sargento de la Torre en acción… — Contestó emocionado. —Le dicen, “El continental sin equipo”. Entrenó su poder al extremo, a tal grado que es capaz de pelearse con Power Hope y mira que Power Hope es el más duro de los duros.


Raymundo observó a de la Torre, quien caminaba firme y con furia a Blazerang que había comenzado a derretir el metal de la trampa en la que estaba. 


De la torre corrió con todo lo que tenía y aventó sus brazos, estirándolos cual goma, pero impactando como piedras en la cara de Blazerang, que solo recibía y recibía golpes mientras concentraba toda su energía de fuego en la trampilla.


De la desesperación arrojó un Boomerang, el cual agarró con sus manos de la Torre sin ninguna complicación y le devolvió con una explosión. Ya lo tenía de frente cuando decidió confrontarlo.


—Adelante, maldito loco, atácame como lo hiciste con ese chico. — dijo para después clavarle otro puñetazo en la boca, sacando por fin las primeras gotas de sangre de Blazerang.


—Yo… — dijo cansado Blazerang con voz apagada, tanto que de la Torre se acercó más a oír. —Yo siempre apunto a la cabeza, ¡Jajaja! — Y en medio de una risa desquiciada, arrojó la trampilla medio derretida contra el sargento.


No se quemó su brazo por el metal derretido porque alcanzó a endurecer esa parte de su cuerpo, pero le dio apertura suficiente a Blazerang para salir disparado con forma de serpiente de fuego, arrojando cientos de boomerangs que hicieron que todos los soldados se dispersaran para esconderse en algún sitio.


Raymundo entró en una taberna donde se encontraban más soldados, justo estaba a punto de apreciar el tan elegante y rústico sitio donde se encontraban, cuando una rafaga de explosiones a forma de boomerangs impactaron como meteoritos sobre el sitio, obligándolo a correr más hacia adentro para cubrirse del daño.


Desde la ventana apreció como de la Torre corría en medio de la calle y arrojaba sus brazos hacia dos balcones en lados opuestos para clavarlos y usar sus brazos elásticos como resorte para salir disparado contra Blazerang.


En eso, sintió que su hombro era presionado con fuerza y volteó con miedo, solo para ver a Pherp que lo miraba con emoción.


—Muchacho, está usted vivo, Pherp se alegra por eso. 


—¡Pherp! — contestó Raymundo con emoción. —Es bueno verte bien también.


—No puedes tú perderlos de vista muchacho, tenemos que aprovechar cualquier oportunidad que nos dé el coronel para atacar. — Le dijo seriamente mientras lo empujaba a la salida.


De la torre alcanzó a Blazerang y le clavó un puñetazo elástico que apagó por fin las llamas de la serpiente de Blazerang y con su otro brazo lo enrolló para inmovilizarlo, dejándose caer juntos, causando un gran estruendo cuando azotaron contra el piso.


—Eres fuerte… ¿Quién eres? — Le dijo Blazerang entre quejidos.


—Grábate bien mi nombre, soy Anselmo de la Torre y te buscaré, desgraciado y te meteré en la peor de las prisiones. — Le contestó con coraje, apretando más y más fuerte.


—Entonces… búscame… ¡En el infierno! — Y entonces Blazerang se llenó completamente de llamas, recuperando su máscara de fuego morado y aumentando sus poderes.


En un momento, su fuerza incrementó tanto que no importó cuán fuerte lo tenía apretado Anselmo, su brazo se separó de su cuerpo, rompiéndose como si fuera porcelana y finalmente estallando en mil pedazos cuando Blazerang estiró sus brazos para liberarse.


Raymundo, quien apenas iba llegando, observó esta escena, miró como aquel hombre que le acababan de vender como el único que podía derrotar a los miembros de The Five Continents, acababa de perder su única arma, pero eso no lo detuvo, pues Anselmo con su otro brazo libre cargó con todas sus fuerzas y arrojó un puñetazo que Blazerang confiado, esquivó con arrogancia.


—Ya no caeré en tus estúpidos trucos… Anselmo. — Y entonces sus ojos brillaron de una forma distinta, su instinto ya no era solo atacar, era directamente matar.


Varias veces, el puño de Anselmo pasó por la cara de Blazerang, pero este lo esquivaba, incrementando más y más sus burlas, pero este no dejaba de mirarlo concentrado.


—Ahora que, Anselmo, ¿De verdad fallar todos tus golpes es tu nuevo poder? — Dijo con ironía mientras Raymundo se acercaba por detrás a él.


—Y tú, soldado, ni creas que estás a salvo detrás de mí — Dijo girándose y viendo como Raymundo se sobresaltaba ante la sorpresa.


—No, yo… — dijo con miedo mientras no dejaba de mirar al sargento de la Torre. —Yo sólo estoy ayudando a mi sargento… — Dijo cambiando su tono a uno más serio y agachándose en posición de defensa.


Blazerang se quedó confundido hasta que la respuesta le llegó por sí sola a forma del puño de Anselmo regresando una y otra vez golpeándose a cada instante. Todos los puños que falló eran su brazo hecho goma enredándose a través de todo el sitio, regresando ahora a su posición y golpeándole tras la distracción de Raymundo.


Esto le demostró al chico el nivel de los personajes con los que estaba, pues una ínfima distracción fue suficiente para que el sargento actuase a gran velocidad, aprovechando cada mínima oportunidad.


Por su parte, Blazerang solo miró estrellas, pues le llovían golpe tras golpe a gran velocidad, pero para sorpresa de Erasmo, de la Torre no era el único que aprovechaba las oportunidades, pues el último gran golpe que recibió fue el de un Raymundo tremendamente asustado, pero lleno de determinación, que gritaba de nuevo —¡Perdóname Blazerang! — Y atinaba justamente en su nariz.


Este golpe volvió a envolverlos en llamas moradas, esta vez cerrando el círculo y haciendo que tras el golpe, Raymundo volviera a caer inconsciente y vuelto a entrar a la mente de Blazerang, tirando a Erasmo de golpe de la fuente.


—¡Tú! Pedazo de mierda — Le gritó Erasmo a Raymundo mientras este se levantaba rápidamente.


—Haz lo que quieras, pero no me vas a detener. — Le respondió con enfado y sin dejar de mirarlo a los ojos.


—Quítate esa maldita máscara, soldado, quiero ver tu puto rostro antes de acabar contigo y después con ese tal Anselmo y al final me divertiré con el grandote que siempre te acompaña. — A cada momento se notaba más y más la desesperación de Erasmo, lo cual era peligroso, pues esto lo orillaba a dejar de jugar con sus víctimas y empezar a eliminar a cuanto estorbo hubiera en su plan.


—¿Y qué ganas tú con esto? — Preguntaba para ganar tiempo mientras veía el panorama a su alrededor. Tenía a Mindyblur aún inmovilizada y a la copia original de Lyam Murphy cada vez más deshecho, parecía derretirse en la tinta, mientras que había más de 9 bultos de tinta más en fila detrás de él, todas versiones de Lyam con recuerdos y movimientos.


—¿De qué sirve contarte? Estarás muerto dentro de poco — Respondió con enfado. Pero finalmente agachó la cabeza y rio un poco.


—Te lo concederé… Verás. — De a poco la tinta se escurrió hasta los pies de Raymundo, alzándose una mano que le sujetó por la mandíbula para mantener su mirada sujeta en Erasmo, en reflejo intentó agarrar la mano para evitar que le sujetase del cuello, pero sin darse cuenta, activó su comunicador.


—Tengo un amo que está… atrapado, por decirlo de una manera, está en otro sitio. Y yo, estoy ayudándolo de a poco a escapar. Pero él no puede volver al mismo mundo del que se despidió, sino uno más… agradable para nosotros, uno donde personas como tú o como yo podamos vivir… bueno, yo. — Y soltó una risa traviesa tras decir eso.


—Así que destruiré esta maldita sociedad de super, demostrando que todos pueden ser una total y completa basura, destrozándolos por dentro y convirtiéndonos a nosotros… los magos, en los nuevos reyes. — Dijo mientras todo su cuerpo lanzaba chispazos de color morado.


—¿Sabes cual es la diferencia entre los humanos y los super? Nosotros podemos usar magia, una energía tan pura y natural que te grita que los malditos deformes esos no pueden usarla ¡Porque no son naturales! Es por eso… que crearé el mundo donde mi amo pueda impartir la magia a todos, para someter a esos salvajes sobrehumanos.


Raymundo estaba intentando procesar todo lo que le decía, pero notó que de a poco se acercaba y finalmente sintió como la mano que le tomaba del mentón, ya no era la mano de tinta, sino la de Erasmo, que poco a poco iba apretando más y más el cuello de Raymundo, ahorcándolo con más fuerza.


Raymundo peleó con todas sus fuerzas, intentó arañar, pero su gabardina lo protegía, lo tomó del brazo, pero poco a poco iba perdiendo fuerza; no podía perder la consciencia, pero todo se iba poniendo más y más oscuro, pero de pronto fue soltado.


Mindyblur se había abalanzado con todas sus fuerzas, sus brazos estaban torcidos y denotaban su pelea interna contra la inmovilización que aplicaba el hechizo de Erasmo, pero, aun así, estaba usando todas sus fuerzas para moverse, salvando a Raymundo.


—Yo… no me puedo llamar heroína, si no… ¡Si no te salvo! — Dijo estirando su brazo, al que Raymundo respondió apoyándose para levantarse y siendo jalado rumbo a lo que quedaba del Lyam Murphy original.


—Esto será… asqueroso, pero te suplico que no digas nada. — Le explicó antes de sumergir su brazo dentro de la tinta y buscar concentrada, hasta que su brazo se detuvo.


—Es aquí, ven conmigo. — Entonces se sumergió dentro de la tinta como si de agua se tratase, perdiéndose entre la negrura del material.


Raymundo dudó por un momento, pero tras ver que Erasmo ya corría para atacarles, decidió entrar a toda velocidad al líquido, a pocos centímetros de la mano que lo intentaba detener.


—¡¡¡Hijos de puta!!! — Gritó frustrado. —Bueno… no puedo detenerme por esto. — Dijo antes de regresar su cara en el agua de la fuente y recuperar el control de Blazerang, quien estaba rodeado de soldados intentando inmovilizarlo para amarrarlo.


Por su parte Raymundo estaba nadando en las profundidades de la tinta, movía sus brazos, pero no lograba ver nada, de a poco sus brazos se cansaban y dejaba de sentirlos, sentía como su fuerza se perdía y cómo se perdía. Lentamente también iba perdiendo el oxígeno. Sentía que se iba, hasta que su cuerpo le gritó que ya no podía continuar, entonces escuchó una voz.


—Despierta.

Fin.