Capítulo 12: La Gran Sala Continental
Tras un caótico enfrentamiento en el Palacio Iturbide, Raymundo Mata termina envuelto en una situación que cambiará por completo su percepción del mundo de los superhéroes. Mientras nuevas amenazas comienzan a surgir y figuras legendarias entran en escena, el joven deberá enfrentar las consecuencias emocionales de todo lo que ha vivido recientemente.
—Pherp no se quiere ir sin ver la luna una última vez — escuchó una voz Raymundo que retumbó por toda su cabeza.
Raymundo solo miraba a la gente corriendo, pero no podía oír nada, todo se había convertido en un eco lejano y su percepción del ambiente se había pausado por completo. Por un momento su mente dejó de existir en el presente y regresó a aquel monstruoso día.
En su cuello le golpeó un escalofrío como si una respiración estuviera detrás a lo que se giró de forma paranoica, solo para ver a Cynthia, la cual le hablaba con desesperación, pero el confundido no lograba entender nada de lo que le decía.
—Raymundo, ¿Estás bien? — lo giró con brusquedad Talavera, pero Raymundo solo le devolvía una mirada devastada; el sudor en su frente, sus ojos muy abiertos y su boca que parecía decir algo pero se quedaba a la mitad.
Todo se sentía tan lejano, incluso le costaba respirar y en medio de ese sentimiento, la voz de Cynthia parecía un eco ahogado, la cual preocupada le preguntaba si estaba bien, pero simplemente no podía entenderlo, la realidad estaba lejana a él para ese punto.
—¡Mundo! ¡Reacciona chingada madre! — Gritó Cynthia con desesperación antes de que un fuerte ruido de explosión llamara la atención de todos.
Raymundo giró con brusquedad ante el sonido hueco de la explosión, la gente corría como locos pero se percató que un muro de luz cubría las entradas, todos estaban a salvo y fuera del edificio, todo parecía venir desde dentro.
—Está… pasando de nuevo… — dijo en voz baja mientras lentamente comenzaba a caminar a contracorriente de la multitud que buscaba huir a toda costa.
—¡¿Raymundo Mata a donde vas?! — Intentó llamar su atención Cynthia de nuevo, pero antes de que terminara de gritarle, Raymundo había echado a correr de nuevo hacia el Palacio Iturbide.
Tanto Cynthia como Vicario corrieron para detenerle, estaban totalmente desconcertados y no entendían la forma tan errática de actuar de Raymundo y aún más para su mala suerte, aquella luz que parecía bloquear las entradas al palacio y proteger de la explosión, se rompió poco antes de que Raymundo llegase a las puertas, por lo que accedió sin problema.
—¡Ese muchacho se va a suicidar! — gritó Talavera con toda la cabeza roja del coraje.
Raymundo entró apurado, esperando ver a La Condessa en peligro, en cambio estaba ella totalmente furiosa mirando a Sharkelly contra un enorme pilar que dividía las puertas de entrada al palacio.
Este se levantaba con furia cuando miró de reojo a Raymundo. Con una risa macabra, se abalanzó contra él, pero Raymundo, a pesar de seguir confundido, alcanzó a reaccionar, haciéndose hacia atrás y llamando la atención de Condessa.
—¿Pero qué coj…? — dijo mientras movía su mano con un gesto girando los dedos para hacer que del suelo surgiera un camino color dorado brillante hecho de luz, al que ella se arrojó, pues unos patines de hielo de luz se habían agregado a sus pies.
—¿Bueno para esquivar? — respondió Sharkelly tras intentar agarrar a Raymundo.
Rápidamente hizo la finta de intentar golpearle de nuevo y aprovechó el instante en el que bloqueó con su brazos para propinarle otro golpe en el estómago que lo arrojó hasta el otro extremo del palacio en donde rebotó varias veces contra el suelo antes de dar contra la pared.
—Aghh… ¿porque… siempre ahí? — respondió Raymundo agarrándose el estómago, el cual sentía totalmente destrozado.
Intentó ponerse de pie, pero un gran charco de sangre se estaba formando y su vista comenzaba a nublarse. Miró de entre el propio reflejo del piso como su boca estaba empapada de sangre y finalmente miró donde recibió el golpe, su chaleco estaba destrozado y su estómago expuesto, justo en la herida realizada por Blazerang semanas antes, la cual estaba abierta de nuevo.
—¡Mundo! — gritó Cynthia que iba llegando.
Raymundo levantó la cabeza para tratar de ver y pudo observar como al fondo, Vicario Talavera se arrojaba contra Sharkelly para detenerlo y Condessa llegaba patinando para sacar de su mano un Lazo de luz con el que amarró a Sharkelly de golpe.
Cynthia sentó a Raymundo con algo de brusquedad por su preocupación y comenzó a observar la herida.
—No se te ocurra dormirte cabrón, por favor quédate conmigo, quédate… — le decía desesperada tratando de contener las lágrimas sin mucho éxito.
—¿Pero porqué tanta s…? — iba a quejarse pero en ese momento quitó el brazo de Raymundo de su estómago y miró la herida reabierta.
Su estado de ánimo cambió de golpe, alarmada pero totalmente en silencio intentó cargarlo, pero su fuerza no podía con el peso de Raymundo, se giró hacia Talavera, pero éste continuaba luchando al lado de Condessa y entonces simplemente lo abrazó con fuerza.
—Vas a estar bien, vas… vas a estar bien Mundo, no me vas a dejar, ¿Está bien? — le dijo entre lágrimas mientras lo apretaba contra ella.
Raymundo aturdido reconoció en Cynthia a sí mismo cuando intentó rescatar a Pherp y por un momento, al sentirse en la situación opuesta, comprendió lo que su impulsividad le había costado y entendió entonces, que iba a morir.
Recargó su cabeza contra la pared y con la poca fuerza que le quedaba, comenzó a acariciar la cabeza de Cynthia.
Sharkelly permanecía amarrado, clavando su mirada en Vicario de manera firme, en eso, Condessa se levantó y tomó de la trompa al villano para hacerlo mirarla a los ojos.
—Con él te mantienes calmado, ¿Vale? Y más te vale ir diciendo a qué cojones viniste hasta México si eres más Español que la Paella. — le dijo furiosa mientras de reojo veía a Raymundo.
Se acercó a talavera y se quitó su collar para dárselo en la mano al hombre y luego de decirle algo al oído, este salió corriendo y tomó a los dos chicos en sus brazos, para que de pronto una luz gigante atravesara el techo del palacio y los teletransportara del sitio, quedando ahora si, sólo ellos dos.
Entonces la mirada de Condessa regresó de nuevo a su contrincante, el cual aún mantenía una sonrisa maliciosa.
—Vamos Condessa, yo no sabía que ese muchacho era tan… frágil — dijo con la voz más grave y carrasposa que pudo encontrar, pero con un tono burlesco que hizo enfadar a Condessa.
—Eran de la OIPS, no suelen ser tan… debiluchos… — cada que pausaba, cerraba sus ojos tratando de recordar la palabra. —Hace pocos días me comí algunos… soldados… que resultaban ser más fuertes, mira.
Sharkelly con burla mostró una cicatriz totalmente blanca en su gigantesco cuello, parecía ser provocado por un cuchillo.
—¿Comiste? Hijo de la grandísima puta… — le respondió con rabia.
—Eres una putísima basura que solo busca hacer daño a los demás, pero esta vez sí voy a conseguir que te metan al agujero más profundo del planeta — dijo conteniendo su enfado, casi susurrando y carraspeando las palabras.
Sharkelly solo sacudió el rostro pues al hablar, Condessa había escupido saliva que le molestaba en sus fosas nasales.
—Por favor, tú sabes que nadie ha podido… comprobar… que me alimente de humanos, oficialmente mi poder es… “Transformarme en personas que veo”, mi estómago es el de un tiburón y no deja… evidencia, de haberme alimentado de humanos — le explicó con paciencia mientras disfrutaba como cada una de sus palabras hacía enfurecer más y más a Condessa.
—Pero atacar a un agente de esa organización si es delito, así que me dirás donde está tu hermano y vosotros juntos iréis a la cárcel por todos los robos que de hecho él si ha hecho — le respondió tajantemente Condessa al tiburón.
—ahh que enfado, mi hermano, mi hermano, mi hermano. — dijo con tono tranquilo, pero por debajo, apretaba con rabia su puño.
—A Sharken le deben de… zumbar… los oídos todo el tiempo, a donde quiera que voy, siempre me están… preguntando… por él, es un fastidio — respondió con un agobio fingido, el cual no se tragó Condessa con tanta facilidad.
—Responde la maldita pregunta, joder
—Lamento decepcionarte, pequeña, pero no tengo idea de donde está desde hace meses, estamos… separados — dijo Sharkelly con suficiencia. —Y si me permites, quisiera irme ya.
Condessa se mostró verdaderamente sorprendida por la audacia de Sharkelly de decir que quería irse, soltando una leve risa de incredulidad y volteando a verle de nuevo con aún más enfado.
—Pero qué descaro el tuyo, ya tengo putos cargos en tu contra, ¡Así que de aquí no te vas! — le dijo con enfado apretando su lazo de luz.
Para sorpresa de ella, en el momento que apretó, la colapsó, rompiendo en varias partes a sharkelly, como si fuera de plastilina. Los pedazos cayeron al suelo y comenzaron a arrastrarse lentamente, hasta juntarse de nuevo.
En lugar de formar a Sharkelly, se convirtieron en un hombre de mediana edad, con entradas muy pronunciadas, nariz alargada y conservaba sus ojos rojos y dientes afilados. Su traje era de licra, completamente blanco, con algunas estrellas rojas de decoración que le hacía ver ridículo.
—Lo siento, Condessa — le dijo con una voz diferente, más afeminada y burlesca. —Pero no fue la única persona que me he comido hoy JAJAJAJA
Condessa con mirada de incredulidad sacó dos discos de luz en sus manos y los arrojó contra Sharkelly, los cuales partieron su cuerpo y dejaron caer su estómago, su parte baja y su torso, los cuales corrieron para juntarse.
—¡Ah no no! Siento que no pueda… pelear… pero este hombre era escapista jejeje — dijo armándose de nuevo. No había una sola gota de sangre, parecía que todo su cuerpo era de plastilina, y esto se reflejaba en cómo tenía que pegarse el villano sus partes antes de que se juntaran totalmente de nuevo.
Condessa Analizó esto rápidamente y creó cinco paredes alrededor del escapista, las cuales cerró con fuerza y encogió una vez se juntaron.
Al momento se hacerse más chica la caja, por los bordes y las esquinas salieron tiras del hombre, las cuales se cortaron a sí mismas de la caja, la cual desapareció una vez el cuerpo de Sharkelly se había convertido en un cubo perfecto.
—Pues parece que te has comido a un tío más débil que los que se acaban de ir — le dijo Condessa con tono burlesco mirando el cubo de carne.
No tardó en percatarse que del cubo comenzaba a salir humo y un olor putrefacto que le penetró la nariz con fuerza, casi haciéndola vomitar.
—Pero qué cojones — dijo en medio de arcadas, hasta que pudo abrir los ojos y observar como el cubo de carne se estaba pudriendo a gran velocidad, dejando únicamente un rastro de un líquido negro igual de apestoso.
Condessa le siguió el rastro y se percató que las tiras de plastilina que se desprendieron del cubo se habían juntado para formar una versión en miniatura del escapista, el cual corría a toda prisa.
—¡Joder! — gritó antes de iluminar su mano, dudando por un segundo, pues no se le ocurría completamente que crear y para su mala suerte, el villano alcanzó a salir por la gigantesca puerta.
Condessa trató de seguirlo, pero al salir a la calle, ya no pudo mirar al villano, sintiendo un gran enojo que le hizo golpear el piso varias veces con su pie.
—¡Señorita! — le gritó un oficial de policía.
Condessa se giró rápidamente y entonces se percató de que todo el sitio había sido acordonado y múltiples patrullas rodeaban la zona; se había armado un perímetro para proteger a las personas y los oficiales.
—Fuimos informados de un ataque por parte de un super extranjero y luego la gente nos dijo que una heroína continental estaba en el sitio, así que impedimos que el área fuera de peligro para los civiles — le dijo el joven con voz temblorosa. —Y también… se nos dijo que una mujer muy hermosa estaba peleando — remató el muchacho tapándose el rostro.
—Oficial Gonzalez, si así intenta conquistar el corazón de las mujeres, me sorprende que su expediente no esté hasta el techo de órdenes de restricción — respondió una voz familiar, era el Coronel Antonio Levi.
—Me alegra que sea usted quien acuda a este sitio y no otro como Mutu Moto — le respondió fríamente mientras le daba la mano a La Condessa.
—Coronel de la OIPS — le saludó asintiendo con la cabeza y dándole la mano. —Me sorprende que colabore con la policía, creí que vosotros estabais divorciados — le dijo con ironía.
—Para las cosas importantes nada más, seguimos sin querer soltar nuestra tecnología y menos con lo podridos que están esos hombres. Cuando el interés es poner a trabajar a unos cuantos de esos uniformados, pueden ponerse flexibles — Dijo Levi mirando a los policía con desprecio.
—Tengo malas noticias… Creo que hay por lo menos dos muertos confirmados y el responsable escapó por mi culpa — le dijo decepcionada Condessa.
—Atemporal y Plástico, no se conocían pero ambos fungían como héroes en esta zona. Atemporal sería arrestado hoy y hace unos días buscamos a Plástico para ver si nos podía dar más información. Eran amigos, pero lastimosamente ya no lo encontramos hasta hoy. — dijo sacando de entre su grueso saco lleno de medallas un par de fotos.
Estas mostraban unos cables de luz a los que se les había pegado con cinta adhesiva la cabeza del hombre enano al que se habían enfrentado Raymundo y su equipo y del otro lado la cabeza del hombre con el que acababa de pelear La Condessa.
—Sharkelly — susurró con rabia Condessa, apretando con fuerza la foto.
—¿Cómo dijo?
—Sharkelly, él se los comió y se transformó en ellos — le dijo con más seriedad, devolviéndole la foto.
—Uno de los conocidos Shark Brothers… eso cambia las cosas… creímos que podría ser un super cártel del narcotráfico… ¿Creé que pueda apoyarnos con el informe? — preguntó desconcertado Levi, pero para su su gracia, Condessa aceptó con gusto..
Por su parte, Vicario, Cynthia y Raymundo fueron teletransportados hasta una base gigantesca de color amarillo y paredes azules tapizadas con un estilo setentero. El piso brillaba más incluso que el del palacio y varios robots parecidos a Rob-erto estaban limpiando por todos lados.
—Que car… ¿dónde estamos? — Preguntó confundida Cynthia poniéndose de pie y mirando para todos lados.
—Oh, llegaron visitas — dijo uno de ellos. —Soy Rob-ilio y necesito…
—Necesitamos asistencia, está muriendo — interrumpió Talavera con urgencia.
Rob-ilio analizó con escaner a los tres, llegando hasta Raymundo. Apurado, modificó la forma de su mano a una punta de spray y comenzó a rociar a Raymundo en el estómago.
—Esto contiene un spray esterilizante y está integrado con generador de tejidos dos punto cero, seguramente conocen el primero, utilizado por los robots androides de Nightcorp, esta es una versión más potente y rápida. — contestó mientras aplicaba el spray.
Raymundo, quien ya se encontraba bastante apaciguado por la falta de sangre, pasó de tener una respiración agitada a una más controlada, quedando totalmente inconsciente.
En su interior, Raymundo comenzó a soñar con varios momentos de su vida de forma aleatoria; escenarios como cumpleaños, el día que se despidió de su hermana para entrar a la OIPS.
Su mente se quedó en un recuerdo que parecía estar lleno de lagunas mentales, pues el sitio estaba totalmente cubierto de neblina. Sentía el pesar en sus pies, pero continuaba caminando. Parecía estar en las faldas de un cerro, el camino era pedregoso y cubierto de árboles y plantas que movía con sus manos.
Raymundo sentía una presión en el pecho y no paraba de llorar, gritaba desesperadamente por ayuda, pero nadie acudía, nadie lo escuchaba. Sentía sus pies mojados, parecía estar lloviendo pero poco podía ver pues a medida que avanzaba, la noche dejaba todo totalmente a oscuras.
Lloraba con intensidad y de pronto, creyó comenzar a ver estrellas fugaces, hacían mucho ruido y avanzaban a gran velocidad, pero a pesar de que eran muy brillantes, no le servían de nada.
Sus pulmones se llenaban de aire como espasmos de tanto llorar y de pronto sintió una mano, una figura alta de cabello largo que brillaba con la luz de la luna, pero que no podía reconocer.
Le dijo algo que no pudo entender, pues parecía estar distorsionado por su propia mente, a final de cuentas para ese punto ya había entendido en su interior que esto era un recuerdo totalmente borroso en su mente.
La mujer insistió en lo que sea que le estuviese diciendo, hasta que de pronto escuchó un grito con una voz más familiar.
—¡Despierta! — y de pronto sintió un balde de agua fría que lo trajo de nuevo a la realidad, despertando de golpe.
—¡Condessa que chingados te pasa! — le dijo otra voz que parecía estar muy agitada y rasposa.
Intentó mirar pero su vista aún se estaba ajustando y el shock por despertar tan rápido no lo dejaba salir del estado de sueño en el que se encontraba.
A su lado también estaban Talavera y Cynthia con caras de preocupación y no poder entender del todo lo que estaba pasando.
—¡¿Qué coño te sucede chaval?! Acaso sabes lo mucho que te pusiste en riesgo joder — le regaño con furia Condessa.
—Por suerte no pasó a mayores… creo que ese maldito se me hubiera ido de las manos con o sin tí… pero joder, no quería — dijo más calmada antes de golpear con furia la cama.
—¡No quería heridos! — gritó finalmente.
Raymundo solo escuchó y agachó la mirada, pensó en cómo durante el ataque de Sidney también se arriesgó de forma que para él le resultaba innecesaria y como esto lo hizo pensar en lo peligroso de sus actos.
—Perdón no… no sabía lo que hacía — dijo con pena en sus palabras, lo que calmó a Condessa de golpe al mirar lo devastado que tenía el rostro Raymundo.
Ella se acercó con cautela, intentando poner su mano en el hombro de Raymundo, cruzó mirada con Talavera pero este evitó mirarla a los ojos por la incomodidad.
—Aver aver, ¿Qué tanto escándalo traen aquí? — dijo una voz muy anciana que hizo a todos voltear a la puerta de la habitación donde se encontraban, pequeña y con ese piso tan deslumbrante que vio Raymundo antes de desvanecerse.
A la entrada iba llegando un hombre bajito y regordete, con apenas cabello en sus patillas y unos lentes de lectura muy pequeños pero que hacían ver sus ojos gigantes.
—Esta… chamaca pendeja — dijo la otra mujer conteniendo un grito de rabia. —No sé qué chingados trae con el muchachito que llegó hace rato — dijo apuntando a Raymundo con una espada de oro que impactó por un segundo a Raymundo.
Este la miró tratando de reconocerla, traía un atuendo tejido en ixtle que cubría todo su cuerpo, encima una armadura que cubría partes estratégicas de su cuerpo y la mirada más seria y penetrante que haya visto jamás. Su grande y espesa melena se movía con ella a cada movimiento que hacía, dándole aún más presencia y miedo a Raymundo.
—Eres… Nahual… — susurró para sí mismo en voz baja, pero para su sorpresa ella escuchó.
—¿Y qué? Aquí no eres de esos flacuchos que se ponen a chingar por autógrafos y mamadas, aquí eres un paciente y esta culera te tiene que tratar como se debe — dijo con enfado mirando fijamente a Condessa.
—Aver aver, primero, vamos a tranquilizarnos todos, ¿Alguien me quiere contar qué pasó y porqué tenemos a un escuadrón grado C de la OIPS en la Gran Sala Continental? — dijo confundido el viejo regordete.
Raymundo lo miró de pies a cabeza sin poder reconocerlo, había algo familiar en la forma de pararse, pero por más que repasó sus datos mentales de supers que su lado más friki le proporcionaba, no pudo encajar la presencia del sujeto.
—Nighty, perdón — se giró Condessa con pena en su rostro. —Fui a buscar a Kelly pero se me escapó y este joven salió herido — dijo más calmada y tratando de mantener la formalidad.
—Jajaja, tan vieja y sigues siendo tan mala para mentir Condessa, tus gritos hace un momento gritaban lo contrario. — dijo indignado mientras buscaba asiento al lado de Talavera.
—¡Eres Nightective! — gritó entonces Raymundo emocionado.
El anciano lo miró con extrañeza pero pronto su mirada curiosa se transformó en una potente carcajada al entender que tan friki podía ser el chico que tenía en la camilla.
—JAAAAAA JAJA muchacho jajaja. Si, soy Nightective jajaja, solo que ya no uso el traje — le dijo mientras daba palmadas en el brazo de Raymundo.
—Entonces ellas… usted… — intentó decir Raymundo pero la euforia se tragó por completo sus palabras.
—Estás en la Gran Sala Continental como le dije a Condessa antes, aquí operamos The Five Continents — dijo con orgullo. —Ya conoces a Condessa y a Nahual, PowerHope está en la tierra operando y por ahora no se han reportado ni Mutu Moto ni Xin Lao.
Raymundo miró a su lado, solo para comprobar que Cynthia se había retraído por completo tras escuchar el lugar en donde estaban.
—Aquí la pregunta es, ¿Quién eres tú, muchacho? Y ¿Por qué de pronto apareces en mi edificio con una herida mortal abierta y Condessa te está gritando? — dijo ya con extrañeza.
Condessa intentó hablar para justificar el regaño, pero Nightective con la mano le hizo callar y se giró hacia Raymundo para escucharlo.
—Yo… Soy Raymundo Mata y… no sé porque corrí cuando todo el peligro… yo… — dijo conteniendo las lágrimas sin mucho éxito, pero entonces Nahual le interrumpió.
—Leí el reporte, Mata, ¿Dijiste Mata verdad? Eres el muchacho de Sidney, tú estuviste ahí el día que Lyam falleció y arrestaron a Sienna… — dijo con una voz que contenía sus emociones.
—Oh… así que tú fuiste el muchacho que no debía estar ahí… lo siento chico — le dijo Nightectiva con una mirada de consuelo, pero a escondidas apretaba un botón en su lujoso reloj de oro.
—¡Rob-ilio a la orden! — llegó el pequeño robot al sitio, mirando fijamente a Nightective.
—Analiza al muchacho, tengo ciertas teorías que quiero confirmar — dijo con tranquilidad.
Rob-ilio analizó con su escáner a Raymundo, tardándose incluso más que la vez anterior cuando lo miró herido.
—El paciente presenta tensión muscular y descargas inestables de adrenalina que se reflejan en como su ojo derecho está parcialmente dilatado, pero no en su totalidad. El registro de su mirada puede interpretarse como que el joven se aguanta un sentimiento de nauseas todo el tiempo y el sello en su estómago está recubierto por el generador de tejidos dos punto cero, por fortuna ya está completamente sanado. — respondió con el mismo tono robótico con el que Rob-erto habla al entregar información en la OIPS. Después de esto se encogió mientras sus ojos y boca brillaban en órden como si estuviera analizando los datos.
Lo último llamó la atención de Raymundo, quien se giró con Nightective mientras recordaba aquel spray que recibió también cuando terminó la misión de Sidney.
—El dos punto cero es experimental, no se usa al público porque no hemos encontrado la forma de volverlo de producción comercial así que sólo lo utilizo para los heridos que nos traen los muchachos, cómo tú en este caso… — respondió entendiendo la mirada de Raymundo.
Eso no dejó totalmente convencido a Raymundo, quien aún tenía dudas en su cabeza que sentía que tenía que resolver.
—Usted es… el dueño de Nightcorp, ¿Verdad? Recuerdo ver su logo en los paramédicos que nos atendieron aquel día… — dijo envuelto en lo que él sentía como una espesa nube de recuerdos muy tangibles.
Nightective le devolvió una sonrisa cómplice, sin responderle nada, después se giró de nuevo hacia Rob-ilio.
—El resultado es… Trauma: El usuario ha vivido un evento traumático que ha desencadenado una inestabilidad en todos los sistemas de regulación emocional de su cuerpo, puede reflejarse en actitudes erráticas, permanecer tiempo atrapado en recuerdos de eventos difíciles, actuar bajo el efecto de shock y desconexión constante de la realidad. — arrojó los resultados como si fuera una contestadora telefónica.
Todos entendieron, Talavera recordó el cómo intentó salvar a Cynthia; ella misma reconoció la crisis de Raymundo tras el ataque de Sharkelly y Condessa lo relacionó con su entrada al Palacio Iturbide de forma irracional, dejando la sala en un silencio absoluto.
—Leí el reporte de Condessa y supuse que el muchacho que había llegado herido a la Sala Continental habías sido tú, muchacho — empezó a decirle con tono más serio.
—El reporte de la OIPS mencionó que el equipo de un hombre llamado Antonio Talavera había sido enviado a atrapar a un ex superhéroe juvenil, sólo que al poco tiempo de haber sido transportados, se encontró su cabeza y la de otro superhéroe en un cable de luz — comenzó explicando.
—Por eso envié a La Condessa, quién se encontraba buscando a los hermanos Shark, pues se sospecha que están coludidos con un Super Cártel… o con los magos… — esto llamó totalmente la atención de Raymundo quien volteó a ver con brusquedad el rostro de Nightective en busca de alguna respuesta entre sus arrugas.
—En ese momento, las cosas se descontrolaron y un muchacho salió herido, eso me llevó a investigar quien eras y no encontré a nadie más y nadie menos que al sobreviviente de la masacre de Sidney, el que más probabilidades tenía de morir aquella noche… Raymundo Mata. — Finalmente se giró con Raymundo, ignorando por completo las miradas atónitas de todos alrededor.
—Te cuento todo esto, muchacho, porque seguramente Antonio Levi hablará contigo muy pronto y mucha de esta información le será omitida al resto de su equipo… pero solo tú sabrás qué hacer con esa información.
Raymundo confundido solo agitó la cabeza sin llegar a un certero “Si” o “No”, pues solo giró la cabeza para cualquier lado.
—Escúchame una cosa, el trauma no simplemente se supera, primero se aprende a vivir a pesar de él, luego con él y finalmente sólo con el recuerdo de algo horrible… pero desde el primer momento, te cambia y tú… tú ya no eres el muchacho que entró al rango C, ya no perteneces allí. Pero tampoco perteneces al B, ni al A, ni mucho menos al S o el Continental… Tu misión ahora será encontrar a donde perteneces. — terminó finalmente.
Al poco tiempo, se indicó que Raymundo tenía que permanecer en reposo un par de horas más para terminar su acelerada recuperación y todos comenzaron a salir de la habitación, dejándolo a solas.
—No te preocupes Raymundo, me aseguraré de que el pago les llegue a ustedes dos, hicieron buen trabajo — le indicó Talavera antes de salir teletransportado junto a Cynthia, quien seguía callada.
Para ese punto, Condessa había bajado totalmente la guardia ante Raymundo y con un gesto amable se despidió de él, saliendo Nahual a sus espaldas como si fueran guardaespaldas y finalmente, Nightective le dió un par de palmadas en su hombro antes de salir.
Raymundo se quedó inmovil repitiendo en su mente las palabras de Rob-ilio y Nightective, no dejaban de darle vueltas a su cabeza.
—Trauma… — se repetía sin llegar a nada una y otra vez.
La puerta permaneció todo el tiempo abierta, esta siempre mostraba el extraño tapiz estrellado, hasta que un destello llamó su atención, parecía ser una figura que se movía a lo lejos, acompañada de un disco que se hacía cada vez más grande.
Extrañado, Raymundo se levantó y se asomó hasta llegar al tapiz y entonces se percató de que posiblemente era una pared con pantallas animadas, decorando todo el lugar, le pareció fascinante.
—Veo que ya te pudiste levantar — le dijo Nightective quien caminaba mirando a través del tapiz. —Te sugiero que no mires hacia abajo, muchacho. — le dijo cuando se puso a su lado.
Raymundo seguía mirando la figura que le saludaba, lo miraba con curiosidad y reflexión, por lo que finalmente respondió.
—No… mirar hacia abajo no me ha permitido avanzar y ahora… estoy arrastrando a los demás conmigo — dijo con entusiasmo.
—Es bueno escuchar eso, muchacho… — le respondió con una sonrisa aliviada. —Pero yo decía que no mires hacia abajo, a la gente le da vértigo mirar a su propio planeta a esta altura.
A Raymundo le pareció extraño lo que le dijo, por lo que miró directamente hacia abajo y se percató que en la parte más baja de donde podía mirar, se alzaba Australia y el océano Pacífico, genuinamente se miraba el planeta, casi cegándolo por la luz que proyectaba.
Entonces lo entendió todo, no era un tapiz, mucho menos una pared con pantallas animadas… era una ventana y lo que alcanzaba a ver hacia abajo era el auténtico planeta tierra, sintiendo entonces aquel vértigo que Nightective mencionó hace un segundo.
—¡¿ESTÁMOS EN EL ESPACIO?!
Fin.