The Five Continents


Adéntrate en este mundo protegido por The Five Continents, el equipo de superhéroes más grande del mundo. Acompaña a Raymundo mata, un chico que solo quiere pagar la preparatoria de su hermana, uniéndose a la Organización Internacional de Protección contra los Super (OIPS) y sobreviviendo a las adversidades que el oficio conlleva.

Portada de The Five Continents - Novela de fantasía y ciencia ficción
Portada del capítulo 13: El Clérigo, PokerFace y El Gringo

Capítulo 13: El Clérigo, PokerFace y El Gringo


En un rancho oculto en Coahuila, El Clérigo y PokerFace son llevados ante Selvio Hurtado, líder criminal conocido como El Gringo. Lo que comienza como un interrogatorio brutal termina convirtiéndose en una peligrosa negociación entre magia, narcotráfico y ambiciones globales. Mientras antiguos secretos salen a la luz, nuevas alianzas comienzan a formarse dentro de las sombras del campo mágico.


En una villa donde el sol golpea con muchísima fuerza; el aire apenas se puede respirar y la gente vive pegada a la sombra, escondiéndose del sol. Allí, en aquella villa, se esconde un sembradío de kilómetros de maíz, trabajado siempre por las mismas tres personas.


En medio de aquel sembradío gigantesco, allí yace una enorme mansión construida con adobe y azulejo, con enormes vitrales y varios pisos de altura.


treinta de julio de dos mil veinticinco, Rancho “La Palmera”, Coahuila México. Un hombre armado con una metralleta, camisa a cuadros, lentes de sol y sombrero, se situaba en uno de los balcones de la mansión.


Su instinto se puso totalmente alerta cuando miró a lo lejos como una camioneta comenzaba a mirarse a lo lejos como un punto en movimiento.


—Delta doce, aquí dinamita. Una troca a lo lejos. Frénala hasta que no se identifiquen esos cabrones — dijo a través de su radio.


Mirando abajo, observó como otro hombre exactamente igual, avanzó y, apuntando con su rifle de francotirador, observó a través de la mirilla telescópica la camioneta: Un tercer tipo exactamente igual a ellos iba conduciendo, por lo que espero unos segundos para activar su radio.


—Dinamita a Skull, ¿Me copias?


El hombre en la camioneta escuchó en su radio el intento de comunicación, pero solo miró y continuó conduciendo.


—Dinamita a Skull, te vi mirando la radio, responde pendejo. — le dijo más enfadado Dinamita apuntándole con mayor seriedad.


Skull escuchó y comenzó a reír de forma retadora, acelerando más la camioneta mientras de a poco comenzaba a ver con mayor claridad el rostro de Dinamita, al cual le sonreía de forma más descarada.


Dinamita no dudó mucho y simplemente apuntó su arma y disparó a la frente de Skull, apartándose un poco del camino para dejar que la camioneta terminase de frenar tras haber matado a su conductor.


—Siempre fuiste un pendejo — dijo en voz baja mientras caminaba y abría la puerta de la camioneta.


Al momento de tocar la herida de Skull, el cuerpo comenzó a deshacerse en forma de arena, dejando gran parte del asiento del conductor inundado de polvo. En la zona de la frente se quedó una bolita blanca soldando partículas como esporas.


—Y muerto solo haces puerquero, chingada madre — dijo mirando con coraje la arena regada, para al final tomar la bolita blanca y comérsela.


Al momento de tragar lo que se sentía como un saco de líquido, una descarga eléctrica golpeó el cerebro de Dinamita, haciéndolo caer al suelo con varios espasmos, hasta que consiguió calmarse.


Enfadado se levantó con tropiezos para dirigirse a la cajuela de la camioneta, donde yacía un costal que por su forma se dejaba ver que claramente, contenía un cuerpo. Levantó un poco el hueco de entrada para confirmar algo y sacó un teléfono muy viejito de doble tapa para llamar al único contacto que se veía en la lista.


—¡Patrón! Un hombre quiere hablar con usted patrón. — dijo tranquilo con un acento que recordaba al norte del país.


—A chinga, ¿Quién quiere verme y para qué? — respondió una voz carrasposa y muy grave desde el otro lado del teléfono.


—Un tal… “Pokerféis”, no sé qué chingados, patrón. Lo trajo el pinche Skull antes de que le metiera plomo entre las cejas por chistoso. — le dijo con enfado Dinamita mirando al asiento del piloto de la camioneta, el cual aún estaba completamente bañado en arena.


—Serán pendejos ustedes, ¡Cómo chingados se te ocurre matar a Skull, cabrón! Él era el único tan pinche loco como para meterse con los Higareda… vente con ese hijo de la chingada y más a rato, tú y yo nos vamos a comer un pollito — respondió enojado el patrón, alertando a Dinamita tanto que antes de que terminase de hablar su jefe, ya se había subido a la camioneta para arrancarla, sin importarle la arena que, al tocar el gran trasero de Dinamita, se embarró por completo en sangre.


Entre Delta Doce y Dinamita abrieron el costal y cargaron a un inconsciente PokerFace, el cual parecía estar completamente golpeado, sangrando de la nariz y con un ojo moreteado. Lo arrastraron hasta una oficina al interior de la mansión: Era oscura, salvo por la luz que entraba a través de una ventana lateral, la cual tenía cortinas con estampados de flores.


Sentaron a PokerFace en una silla en medio de un gigantesco tapete verde, quedó de frente a un escritorio de roble que apenas se veía por la tenue luz. Lo único que se veía sobre este era una figurita de PowerHope en miniatura justo en la esquina del escritorio.


Detrás del escritorio se visualizaba una figura de un hombre, este alzó una mano y Dinamita le arrojó un balde de agua al francés, el cual despertó de golpe, tosiendo y recuperando el aire de forma desesperada.


—Oh merde… — dijo Poker Face intentando reponer el aire, cuando de pronto le golpeó el ambiente y el olor a polvo que se respiraba por todo el sitio, así como la vibra que le provocaba ver esa gigantesca sombra gorda al fondo. Era como ver a un oso sentado en la silla de en frente.


—Skull era un desgraciado sin límites… un pendejo sin gracia que provocaba a todo mundo… pero no un cabrón que se dejara endulzar el oído como para traer a un güei así porque sí. Así que dime, quién chingados eres y que te trajo aquí — mencionó el patrón mientras asomaba su mano levemente a la poca luz que entraba a la habitación, solo para mostrar que estaba apuntándole con una pistola que recargó en el escritorio y su dedo estaba en el gatillo.


PokerFace lo miró con recelo, intentó encontrar un rostro en medio de aquella gigantesca sombra al final de la habitación sin mucho éxito. Observó cada detalle sin éxito y de pronto se encontró con los ojos del hombre, blancos igual que los suyos, pero con una sed de sangre que le hizo tragar saliva y al instante supo que no debió cruzar miradas de esa forma.


— C'est la vie… — susurró después de tragar saliva.


—Muchacho pendejo, no te recomiendo guardarte nada… — dijo girando de nuevo su pistola para hacerle entender que iba en serio.


—Dije... C'est la vie— dijo más alto, pero sin quitar el miedo de su voz.


Entonces PokerFace comenzó a temblar y retorcerse en el sitio, hasta que sus ojos comenzaron a tomar un brillo morado, totalmente visible en medio de aquella oscuridad tan densa.


—No estoy para juegos… — dijo el patrón con enfado mientras levantaba la pistola. —Parece que Skull si tenía mal juicio después de todo — replicó y disparó cuatro veces de forma indiscriminada. Dinamita y Delta Doce solo voltearon hacia otro lado cerrando los ojos.


El silencio invadió la sala, Dinamita notó que no era tan ensordecedor como ya conocía tras haber presenciado tantas ejecuciones, sino que venía acompañado de la respiración de alguien, una respiración que comenzaba a agitarse más conforme pasaban los segundos. Entonces abrió los ojos y miró a PokerFace deteniendo las balas con su mirada mientras miraba directo a los ojos al patrón.


—Aún no hemos terminado, Selvio Hurtado — respondió con el mismo tono de voz que tiene cuando El Amo toma posesión de su cuerpo.


Por su parte, el patrón se echó para atrás en el momento en que este habló, no con miedo, solo con sorpresa, pero lo suficiente para sentirse interesado.


—¿Qué chingados eres cabrón? — dijo mientras metía su mano de nuevo a la sombra, dejando de amenazarle con la pistola al entender que sería imposible utilizarla.


—Ahora que tengo tu atención… permíteme meter a alguien más a la conversación — dijo aún con sus ojos encendidos en aquella luz morada, mirando directamente a una esquina en la cual apareció de pronto una luz del mismo color que poco a poco dibujaba la máscara del Clérigo.


El Patrón miró con extrañeza como a su lado, en medio de la oscuridad, la figura de la máscara comenzaba a moverse, entrando en la luz y mostrando a Erasmo con su vestimenta oscura, su gabardina y su máscara característica que parecía cubrir todo su rostro.


—Si algo me pone vulnerable en este momento es no saber que chingados son ustedes y como saben cosas de mí que nadie sabe… no hay dos super con exactamente el mismo poder, así que ustedes son diferentes. Hablen o mi seguridad les meterá plomo hasta rellenarles los ojos — dijo molesto Selvio. 


—Bueno, como puede sver… — comenzó hablando PokerFace con aquel tono seductor del amo de Erasmo. —Sabemos más de ti que tú mismo; eres Selvio Hurtado, líder del cartel de los Canarios Rojos, esos de allí son clones, pertenecen a un super conocido como Múltiple, le intentaste cobrar piso para no matarlo, pero rápidamente viste potencial en su superpoder y retienes a varios de sus clones como seguridad. — terminó mientras soltaba una risa maliciosa.


—Bien… mi nombre es el que es y lo de Múltiple ya es conocido, no me dices nada nuevo, huasteco. — respondió Selvio con enfado.


Erasmo se percató de que Dinamita y Delta Doce estaban presionando sus armas con fuerza, poniéndose rápidamente en alerta y entonces se giró para ver como Selvio entre las sombras hacía gestos con su mano.


—Das órdenes desde el fondo, portas un arma… tú no eres un super, ¿Verdad? — preguntó Erasmo con tono provocativo.


—¿Y qué con eso? — respondió.


—Estamos en ventaja, no sabes lo que los magos hacen jeje, en cambio, nosotros sabemos todo de ti y nos tienes miedo — dijo de forma arrogante.


PokerFace volteó los ojos al momento de escuchar esto mientras veía la forma estúpida en que Erasmo confrontaba a Selvio.


—Desventaja dices… interesante — le respondió mirando fijamente a Dinamita para después asentir lentamente.


En ese momento Delta Doce tomó de la silla a PokerFace, el cual no reaccionó, sino que simplemente mostró una mirada de enfado contra Erasmo, por su parte, Dinamita sujetó del cuello al Clérigo y lo arrojó al piso. Antes de que pudiera alzar su mano, la cual comenzaba a brillar en un vistoso color morado, un tercer clon apareció y le disparó directo en la palma.


—¡Aghhh! — gritó Erasmo intentando retorcerse, pero le era imposible, pues tenía a Dinamita encima.


—Tú y tu puto francés de mierda se van a ir al perro infierno, hijos de la chingada, nunca vi a nadie cagarla tan rápido, serás pendejo muchacho. — respondió alterado Selvio agitándose con fuerza en su asiento.


Erasmo estaba conteniendo la respiración y jadeando por el dolor que tenía en su mano; la desesperación lo hizo voltear, buscando la mirada del amo, pero lo único que recibió, fue una mirada de agobio y decepción, para después mirar como los ojos de PokerFace se apagaban de a poco y la mirada le cambiaba a un pánico evidente.  El amo había salido de su cuerpo y los había dejado solos.


—¡Espera… nos… nos necesitas! — dijo de forma desesperada Erasmo tratando de salvar la situación.


—Messié Clerigo, mon ami… ¿Qué carajos pasa? — preguntó entre lágrimas PokerFace quien había vuelto en sí y estaba totalmente consternado.


—Cállense chingada madre — respondió Selvio con rabia.


Todos en la sala voltearon a verlo, este se movió con lentitud, sacando del cajón de su escritorio un reloj de arena grande, que empezó a vaciarse poco a poco.


—Dinamita, cuando esta pendejada se vacíe, les disparas en el cráneo a los dos — le dijo de la forma más calmada posible para dejar que la arena corriese el mayor tiempo posible.


—Y tu huerco, qué chingados te voy a necesitar — le dijo acercándose ligeramente a la luz, mostrando una sonrisa podrida, unos dientes tan amarillos que por poco opacan la gigantesca nariz grumosa que tenía.


Erasmo intentó mirarle a los ojos de forma confrontativa, pero la repulsión que le causó la cara de Selvio, aquellos dientes y aquella nariz rosada le hicieron mirar a otro lado con asco, mirando entonces al reloj de arena que ya estaba por acabarse.


—Somos… somos magos, queremos ofrecerte un trato, un trato que nos conviene a los… aghhh… a los dos — respondía entre jadeos mientras contenía el dolor causado por los microespasmos de su mano al hablar.


—Que pinches magos ni que ocho cuartos — le interrumpió ofendido Selvio —No insultes mi inteligencia, niño pendejo.


Dinamita al escuchar esto, apuntó con más fuerza, pero Selvio levantó su mano para detenerle.


Erasmo por un momento se sintió realmente confundido, dimensionando por primera vez que la existencia de los magos le fuera ajena, incluso ridícula para los demás alrededor suyo, teniendo que actuar rápidamente pues el reloj de arena seguía corriendo.


—Lo somos… ¿Porqué crees que el idiota de allá actúa distinto? ¿Por qué crees que te detuvo las balas? N-no somos super Aggghh… — respondió desesperadamente intentando ganar tiempo.


El reloj de arena empezó a tirar los últimos granos, pero se detuvo al final por la mano del propio Selvio, quien acostó de golpe el reloj de arena.


—Dinamita… inyéctales un poco de Aleonita a estos pendejos a ver si dicen la verdad — le ordenó Selvio con brusquedad.


—¡Esperen!... A él no… él si es un super, cuando está poseído no… es complicado, pero… inyéctenmelo a mi — renegó Erasmo intentando salvarse.


Selvio lo miró con incredulidad y coraje, pero finalmente asintió a Dinamita con la mirada y ambos clones soltaron a PokerFace y Clérigo para salir, regresando con otra silla para sentar de golpe a Erasmo y jeringas con un metal parecido a la plata, pero líquido.


—Entonces, entre ustedes se poseen a los super… porque eso suena a un pinche super que me quiere hacer pendejo — comenzó a divagar Selvio, quien ya había regresado a las sombras.


—O simplemente a Magos — replicó en voz baja Erasmo.


Selvio simplemente apretó los puños, pero se abstuvo de hacer algo y en su lugar se puso de pie, entrando al foco de luz para mostrar a un hombre extremadamente gordo y alto vistiendo como vaquero, con una espesa barba blanca y unos ojos desquiciados.


Tomó la jeringa de las manos de Dinamita y la inyectó directo al cuello de Erasmo con furia, tirándolo de nuevo al suelo y dándole una patada en el estómago. Para sorpresa de Erasmo, el golpe fue tan fuerte que casi al momento del golpe, escupió un chorro de sangre que embarró en la máscara por dentro, saliendo solo un par de gotas a la alfombra.


—Veamos si dices la verdad — dijo entre sonrisas Selvio. —Y tú, trae a quien limpie este puerquero. — le dijo a Dinamita, señalando la sangre en la alfombra.


El líquido comenzó a brotar por las venas de Erasmo y este comenzó a retorcerse de forma temblorosa.


—Aghhhh… ¡AAAAAAAAHHHH! — se retorcía y gritaba y todas las venas de su cuerpo se dibujaron con un color negro que se dejaba ver atraves de sus manos.


Selvio soltó una risa macabra disfrutando del sufrimiento del chico y poco a poco el efecto fue pasando y su respiración se fue controlando. Las venas no se contrajeron y dejaron la marca negra en su cuerpo, pero el dolor había desaparecido.


—Dices que aquel otro si se muere con eso… vaya chinga jaja… pero como ya me hiciste reír. — dijo regresándose hacia su asiento entre las sombras — escucho tus chingaderas antes de que te meta plomo.


Erasmo se levantó con cautela mirándose las manos, para después mirar directamente a los ojos a Selvio, pero solo encontró aquella profundidad en la mirada que ya tenía consigo este hombre, incluso por un momento sintió un escalofrío como si pudiera verle de vuelta a los ojos a través de su máscara.


—¡¿Putain, serieux?! Sólo soy una marioneta… Si el messié amo me llevara con él yo — comenzó a renegar PokerFace, pero Erasmo le calló de golpe con su dedo.


—Somos Magos… vivimos en el campo mágico, una especie de segunda realidad conformada por magia… eso a usted le interesa, somos fuertes y podemos distribuir su mercancía sin ser detectados — dijo muy seguro Erasmo.


Por un momento la habitación se quedó en silencio, quedando solo un muchacho con máscara mirando directamente a los ojos a una bestia hambrienta de poder con cero escrutinio ni valores.


Entonces empezó a reír, una risa macabra y muy calcina que empezó a envolver el sitio. No hubo carcajada, solo una risa malévola que expresaba la incredulidad del hombre.


—Ustedes creen que con uno… fíjense, ¡Uno! De los más de ciento cincuenta métodos que utilizo para mover drogas por todo el pinche mundo, me van a tener de aliado. — dijo para después continuar riéndose.


—Pero admito… que eso de poder parar balas me interesa… ¿Cómo entran y salen de su pinche casa? — dijo más calmado después de terminar de burlarse.


PokerFace miró con duda al Clérigo, pero no podía leer nada más allá de sus gestos corporales, ya que la máscara le impedía ver sus gestos. Por un momento escuchó la respiración del Clérigo y pensó que todo podría explotar en cualquier momento, pero este solo se encorvó nuevamente y continuó hablando.


—Tenemos varios puntos a lo largo de los cerros y montañas del país… solo em México. Cuando algo se mueve adentro de nuestra dimensión, nada lo puede detectar. — dijo esto último con audacia, sabiendo que esto levantaría una ceja del patrón.


—¿Y pueden hacer más? — preguntó con curiosidad.


—Es… complicado. Nuestro amo, el hombre que poseyó a PokerFace, está atrapado en un hechizo que no lo deja usar todo su poder… él sabe cómo crear nuevos puntos. — respondió cauteloso, pero se echó para atrás al ver la reacción de Selvio.


—Mira niño, no soy pendejo…— Le dijo mientras se encorvaba en su lugar, con mirada seria. —nadie propone asociaciones así porque sí, pero si ese chingón puede poseer gente y parar balas estando perjudicado… no sé qué chingados pueda hacer si el cabrón obtuviera toda su fuerza. 


Erasmo intentó replicar, pero apenas hizo un gesto para hablar, fue interrumpido por Selvio quien aún no había terminado de hablar.


—No sé que chingados piensen tú y tu gente de los Canarios Rojos… pero somos gente de bien que se preocupa por su pueblo y las chingaderas que vendemos, se las tragan los pinches gringos… pero si tu… pastor o lo que sea, nos deja sin gente, mi negocio se va a la mierda y no pienso ayudar a que eso pase. — cortó tajantemente Selvio la conversación.


Erasmo entró en pánico por lo que rápidamente se adelantó a contestar sin un ápice de control en sus palabras.


—Podemos arreglarlo, yo… no creo que eso pase, podemos hablarlo con él si… — comenzó a decir de forma desesperada, pero entonces PokerFace carraspeó su garganta.


—Disculpe Mon ami, pero parece que no nos estamos alineando… el messié Clerigo y su gente no quieren matar al mundo… quiere someterlo, supongo que eso nos deja vía libre a impulsar su negocio… ¿No creé? — respondió de forma astuta.


Erasmo quien hasta ese momento rebajaba en su cabeza a PokerFace no pudo evitar notar como en su mirada se reflejaba una confianza no vista hasta ese momento. Sus ojos se clavaban en los de Selvio y tenía una sonrisa que hacía denotar que ya había ganado.


Por su parte Selvio, quien no se dejaba intimidar tan fácil, simplemente volteó su mirada y con indiferencia le dijo.


—Ja, entonces si hablas por tu cuenta… aunque no se te entiende ni madres. Te escucho, igual ya están muertos. — dijo cediéndole la palabra. 


—Queremos ayudarnos mutuamente. Nosotros ofrecemos halcones y transportistas magos, rutas seguras de transporte y cualquier medio de producción que implique preparar más rápido su producto… si quiere incluso — dijo volteando a ver a Erasmo con algo de duda —Podemos entrenarlos para magos.


Selvio no pudo evitar levantar una ceja con curiosidad ante las palabras de PokerFace, por un momento incluso dudó si había sido poseído de nuevo, pero pensó en las diferencias entre el momento en que paró las balas y ahora.


—Eso es muy generoso… pero que chingados quieren a cambio, porque los que ofrecen mucho y no piden nada, suelen ser un nido de problemas… — dijo mirando a una foto que tenía en su escritorio.


—Queremos… — dijo PokerFace mirando directamente a Erasmo y volteando los ojos para darle señal de continuar.


A pesar de estar en shock, Erasmo pudo entender que gracias a PokerFace la situación se había recuperado y podría continuar con la negociación.


—¡Dominancia en el exterior! — Comenzó hablando Erasmo, tomando la palabra. —Queremos tener información, tener aliados y… a tus guardias — dijo pausadamente para evitar sonar abusivo.


—¿Quieren a Múltiple? — dijo extrañado. —Me sirve por su pinche seguridad pero si lo quieren se los doy — dijo a regañadientes.


—¿Olvidas que lo sabemos todo de ti?— respondió Erasmo al darse cuenta que por primera vez Selvio se mostraba abierto al negocio.


—Los hermanos shark… — dijo cuidadosamente mientras veía como la mirada de Selvio cambiaba de golpe, palideciendo un poco pero recuperando el control con rapidez.


—¿Cómo chingados saben de ellos? — dijo mientras volteaba a ver a Dinamita de nuevo, haciendo un ademán con su cabeza, a lo que este acató y se metió de nuevo entre los pasillos de la mansión.


—Lo repito, Selvio… Sabemos - todo - de - ti — dijo totalmente confiado Erasmo, recuperando incluso su manía de mencionar nombres al sentirse totalmente dominante.


—Sabemos que Sharkelly y Sharken no solo causan estragos en Europa, también hacen trabajitos para ti, sabemos que los últimos ataques realizados por ellos no fueron meramente en vano y sabemos que quieres abrirte paso fuera del continente para tener más poder a nivel internacional y crees que ellos no te jugarán chueco, pero nosotros sabemos que ellos planean utilizar el desembarque de petróleo que llevará tus veinte toneladas de cocaína para desatar el caos en los muelles de Francia y eso te dejará en evidencia, dando finalmente motivos a la DEA para arrestarte sin importar el derecho internacional.


Selvio se quedó totalmente congelado por un momento, entonces, empezó a buscar entre sus papeles con algo de desesperación, abriendo cajones y finalmente encontrando un folder rosado donde se encontraban varios documentos.


Abrió una hoja de ruta, el CMA CGM Belle Éclipse, un buque portacontenedores gigantesco, sería quien lleve la mercancía de Selvio y tal como mencionó Erasmo, los encargados de asegurarse de que todo llegase bien, serían los hermanos Sharken y Sharkelly.


Selvio levantó la mirada y solo se encontró con Erasmo quien permanecía cruzando una pierna frente a él con compostura totalmente dominante y segura, dejándole en claro que por esta vez, Selvio había perdido.


—Me vas a tener que explicar cómo chingados supiste todo eso cabrón… porque todo esto era privado y me estás leyendo el chingado futuro…y no me digas Selvio — dijo levantándose de su silla para acercarse a Erasmo con la mano estirada. —Para tí, soy el pinche Gringo.


En eso iban entrando a la oficina Dinamita junto con los hermanos Shark, ambos gemelos, vistiendo igual y con la misma sonrisa macabra que Raymundo vería días después.


—Escuchen cabrones, ahora ellos también son sus pinches jefes… van a llevar la carga del Éclipse a cargo de los hombres que ellos les asignen… y no quiero pendejadas — dijo el Gringo totalmente serio mientras El Clérigo y PokerFace se levantaban ajustándose la ropa para verse más presentables.


Volviendo al presente, se encontraba Sharkelly aún transformado en plático, corriendo entre las grietas de las calles y las banquetas, diminuto y con mucho miedo de ser capturado, esquivando los gigantescos zapatos de las personas y uno que otro perro, hasta que llegó a un callejón por el que iban saliendo un par de ratas.


—Si má, ¡el espacio! — se escuchó una voz, era Raymundo hablando por teléfono con su madre.


—No no, estoy bien, me pusieron un spray curador o algo así, ¡pero má! El espacio — decía totalmente emocionado.


Sharkelly lo reconoció y trató de seguirle, pero pronto sintió su cuerpo muy pesado junto con un dolor en el pecho horrible, por lo que salió corriendo en dirección cointraria.


—Joder, no me pueden atrapar… no ahora jeje — dijo sonriendo malévolamente.


Poco a poco comenzó a crecer por partes, primero su mano pasó a ser más grande que él mismo, complícándole avanzar, hasta que dedo a dedo su pié empezó a crecer de forma grotesca, pero que ahora le dejaba dar torpes pasos.


La piel de Plástico se iba deshaciendo de su cuerpo, dejando su lisa piel de tiburón y sus cicatrices totalmente expuestos. La gente empezaba a mirar con morbo lo que pasaba entre más se metía por el callejón donde parecía haber un tianguis.


Finalmente se metió a la fuerza a un negocio que no tenía puerta, sino una cortina de perlas y plumas, “La tienda esotérica de Mamá Cuca”. 


Sharkelly se dejó desplomar desnudo sobre el suelo del negocio, llamando la atención de la mujer que atendía, era joven, con una enorme melena china, vistiendo un huipil y con collares y adornos por todo su cuerpo.


—A…agua — dijo jadeando con la garganta destrozada y sosteniendo la respiración a duras penas.


La mujer lo miró con desprecio, enfadada tomó una cubeta y se la arrojó con violencia encima, tranquilizando al tiburón por unos momentos, hasta que se pudo poner de pie.


—Al menos puedes vestirte ¿No? — le dijo agresivamente.


—No fue mi… culpa… que la pelea no saliera del todo bien — renegó mientras buscaba entre la mercancía que ponerse, agarrando únicamente un pantalón de nativo americano.


—¿Y qué chingados quieres ahora? No creas que eres bienvenido aquí — le respondió la mujer con enfado. —Y eso lo vas a pagar.


Sharkelly con enfado se acercó de forma agresiva contra la mujer quien le sostuvo la mirada sin miedo.


—Aver mátame pendejo, mátame y me cuentas como chingados regresas al lugar ese que tanto me obligan a abrir — respondió enfadada. —Mátame, libérame de tenerlos que aguantar a ustedes cabrones — terminó hablando entredientes.


Sharkelly con enfado la miró tratando de intimidarla sin conseguir nada, ni un apice de miedo en la mujer.


—El Gringo paga… abre la puerta — respondió ya más enfadado pero separándose de la mujer.


—Y tengo nombre… soy Imelda y te vas acostumbrando — dijo la mujer mientras salía por una puerta en su local, la cual daba a un patio grande al aire libre cubierto de cemento.


En medio del patio, yacía lo que parecía ser una entrada cubierta de una gran mancha negra, ambos se acercaron e Imelda comenzó a rezar. Apenas se le entendía, pues aparte de hablar en Mexica, lo hacía casi susurrando, pero sus manos comenzaban a irradiar una luz morada al mismo tiempo que de la mancha negra surgía una grieta de luz morada.


La grieta terminó convirtiéndose en una entrada a la dimensión mágica, con sus paredes con viento morado y gigantescas estructuras. Sharkelly aceleró paso para entrar, pero antes de poder poner un pie, se le cerró la entrada por causa de Imelda.


Sharkelly volteó con enfado, solo para verla cerrando su puño y mirándolo fijamente.


—¿Cómo se dice? — le preguntó de forma retadora.


Sharkelly ya no podía contener su enfado y apretó los puños al tiempo que mostraba los dientes y gruñía como un perro enfadado.


—Gracias… Imelda. — contestó a regañadientes, haciendo que Imelda abriera de nuevo la mano y lo dejara caer a la dimensión mágica de golpe, haciéndolo rebotar en el piso del nuevo lugar.


Sharkelly caminó por los mismos caminos que cruzaron alguna vez Erasmo y PokerFace tras la noche de Sidney, hasta llegar a aquella pared que ocultaba la habitación de Erasmo, solo que ahora, al entrar, los escritorios habían dejado de estar en su sitio y ahora estaban rodeando la habitación, dejando el centro totalmente vacío.


—¡Kelly! Por fin has llegado — gritó una voz chillona, era una mujer muy bajita que vestía una túnica que cubría todo su cuerpo, portaba una máscara al igual que El Clérigo, sólo que esta tenía un patrón de cruces en varios sentidos.


—Mamá Cuca, su nieta es… — comenzó reprochando con coraje, pero fue interrumpido por la misma anciana.


—Es una mujer que piensa que su abuela está muerta y al poco tiempo el narco la obligó a convivir con gente peligrosa, así que no empieces — le calló de golpe con tono de regaño antes de continuar.


—Dime que tienes algo para mí — preguntó emocionada.


Sharkelly se giró, señalando parte de su cachete y su boca.


—No es mucho… pero me escupió mientras hablaba — dijo con indiferencia.


—Entonces… es oro jejeje — respondió Mamá Cuca con una risa maníaca mientras pasaba su mano lentamente por el rostro de Sharkelly.


De su piel aparentemente seca, se iluminaron un par de manchas pequeñitas donde había caído la saliva de La Condessa, que tomó Mamá Cuca con ambas manos y se las llevó caminando rumbo a una esfera de cristal.


—Si… muéstrame lo que ella ve… lo que escucha… muéstrame la vida de La Condessa jejeje — dijo de forma maliciosa mientras en la esfera de cristal se dibujaba poco a poco la imagen del planeta tierra.


Condessa estaba en la Atalaya, relajada, sin saber que alguien detrás la vigilaba.



Fin.