The Five Continents


Adéntrate en este mundo protegido por The Five Continents, el equipo de superhéroes más grande del mundo. Acompaña a Raymundo mata, un chico que solo quiere pagar la preparatoria de su hermana, uniéndose a la Organización Internacional de Protección contra los Super (OIPS) y sobreviviendo a las adversidades que el oficio conlleva.

Portada de The Five Continents - Novela de fantasía y ciencia ficción
Portada del capítulo 10: Varias Semanas Después

Capítulo 10: Varias Semanas Después


Semanas después de los eventos de Sidney, Raymundo Mata vuelve a la Ciudad de México con una maleta, un chaleco manchado y el peso de todo lo que no ha podido decirle a nadie. La OIPS no espera, y su primer día de regreso lo lanza directo a una misión con personas que no conoce, en una ciudad que le resulta ajena y con un villano que le resulta demasiado familiar. Lo que debía ser un reencuentro tranquilo con su rutina termina siendo cualquier cosa menos eso.


“Hoy es tres de agosto, iniciamos el día con las noticias más recientes de la semana pasada:


Cómo ya veníamos anunciando, se celebró el muy polémico funeral de Pherp Owoe, luego de varias disputas y peleas entre el Sargento Anselmo de la Torre y el coronel Antonio Levi Santana quienes defendían la postura de que debía ser reconocido como un auténtico héroe tras todo su sacrificio y pelea en los eventos del pasado catorce de junio en Sidney.


Cómo siempre, la discusión fue dirigida a si un Mutro, por su naturaleza, merece ser tratado con ese respeto y venerancia y eventos como la protesta por los derechos mutros de enero que acabó en trifulca y cuatro humanos fallecidos salió a relucir. A pesar de lo peligrosos que han mostrado ser estos individuos, el molesto funeral fue llevado a cabo, transmitido en televisión internacional y…”


La televisión se apagó de golpe, haciendo que Raymundo diera un pequeño salto, mirando a todos lados en busca del control, solo para darse cuenta de que en el marco de la entrada de su cuarto estaba su madre, con el control en la mano.


—Ya sabes que ese presentador siempre mete sus opiniones en sus noticias — le dijo mientras dejaba el control encima de su buró, el cual tenía en medio una vieja lámpara de juguete de PowerHope.


Raymundo le devolvió una mirada de reclamo, pero no dijo nada, solo se limitó a agachar los ojos y asentir, recostándose sobre el sofá de dos asientos color amarillo en el que estaba sentado. El sofá estaba totalmente sucio, señal del paso de los años y de un niño muy inquieto.


—Mijo, deberías salir, ¿por qué no llamas a Jerome? Ha preguntado por ti ultimamente… — intento animarle la señora López, pero al final su preocupación salió a relucir.


—No has hablado… ni dicho nada desde el funeral de ese señor. No sé qué sientes, que piensas. ¿Sabes que nos tienes a nosotras, ¿verdad? — le dijo compasivamente recargándose en el marco con la mirada preocupada.


Raymundo no reaccionó, solo miraba a la nada. Su mirada perdida reflejaba que su mente permanecía en otro lugar, recordando cosas, pensando de forma innecesaria.


—¿Supiste que sentenciaron a Mindyblur? — Dijo con la voz apagada.


—Si… pasará sus días en un centro psiquiátrico por… — comenzó a explicar, pero Raymundo le interrumpió con rabia.


—Por seguir mi versión de la historia.


—Mijo… p-pero al menos está en un hospital y no en una prisión — intentó aliviar sin mucho éxito.


—¿En qué universo es preferible ir a un manicomio a ir a la cárcel? — respondió tajantemente Raymundo mientras evitaba voltear a ver a su madre.


—En este — respondió ofendida mientras contenía su voz quebradiza. —En estos momentos esa mujer no necesita simplemente salir libre, ella sabe que eso es difícil por ahora… a veces sólo necesitas tiempo, porque tarde o temprano la verdad llega.


Entonces la mujer salió de la recámara de Raymundo, dejándolo sólo con su tristeza, para después soltar un quejido de dolor que rápidamente ahogó para continuar reprimiéndose, hasta recuperar el aliento y simplemente acostarse en aquel el sillón amarillo pegado a una cama con sábanas revueltas y una cobija barata que dejaba ver estampados de distintos superhéroes a los que Raymundo admiraba.


Esa misma tarde, se encontraba empacando sus cosas, aún sin decir nada y echando unas cuantas miradas al calendario cada tanto para asegurarse de que el día cuatro de agosto estaba marcado como “Regreso a la chamba”.


—¡Mundo! — llegó su hermana brincando y abriendo los brazos en posición de combate, llamando la atención de Raymundo.


—Liliana— le dijo devolviéndole una débil sonrisa mientras metía una camisa doblada a la maleta.


—¿De verdad te vas a ir? — dijo angustiada mientras miraba con desaprobación a las propias maletas.


—Tengo que, el cheque que me dieron ayuda mucho pero no soluciona nuestras vidas, aparte… — se interrumpió a si mismo mientras veía el enorme chaleco con las letras “OIPS” bordadas en él. Le llamó la atención que las letras estaban manchadas de café, pues había intentado quitar como pudo las manchas de sangre, pero simplemente no pudo.


—¿Tienes qué? — preguntó Liliana tras ver que su hermano se había quedado en el limbo a medio hablar.


Esto hizo regresar a Raymundo de golpe con un pequeño susto y ya con un poco de pánico y vergüenza se giró con ella para dejar de tener en frente todo lo que le distrae.


—A-aparte ellos han pagado ya dos meses de renta de mi departamento en la Ciudad de México y la verdad me apena no usarlo — respondió como pudo fingiendo sonreír de forma malosa.


—Hmmm… — bufó su hermana quien se dio cuenta por lo malo que era Raymundo para fingir y mentir, pero entonces avanzó a él y lo abrazó con mucha fuerza, levantándolo un poco.


—Aghh… — exhaló Raymundo al perder el aire por el apretón. —Oye, tú no eres de abrazos — dijo mientras sacaba su brazo de entre la prisión del abrazo de Liliana para acariciarle la cabeza.


—Lo sé, es solo… — quiso explicar, pero al igual que Raymundo, también reprimía sus palabras. —Cuando me separé de Alicia me sentía muy mal y mamá solo me daba abrazos y me hacía sentir bien.


Raymundo sintió una fuerte presión en el pecho al recordar el nombre de Alicia, abrazándola más fuerte y recordando las palabras de Levi al ofrecerle entrar al escuadrón Continental de la OIPS.


—Tal vez si yo… — intentó decir Raymundo con culpa.


—¡Ni se te ocurra Mundo! — le gritó con rabia Liliana. —No lo dije por eso… no es necesario que aceptes ese trabajo tan peligroso…


Liliana abrazó con más fuerza a Raymundo, lo que le hizo devolverle el abrazo de forma cálida y entendiendo el absurdo de sus palabras.


Esa misma madrugada, Raymundo partió de su casa en un autobús de la línea Continera Plus, intentó dormir, pero por más que cerraba los ojos y se esforzaba por no pensar en nada, en cuanto su cerebro se relajaba, aquella noche en Sidney volvía a su mente.


Ese primer día de vuelta, ni siquiera tuvo tiempo de descansar, pues apenas llegó a su departamento asignado por la OIPS, se recostó un par de horas y se levantó para ponerse en marcha tras varias semanas de descanso.


Sacó de su maleta una malla hiper flexible que decía “Fibra de carbono” en su etiqueta. A pesar de verse como un mameluco para bebé de tan pequeño que era, esta se estiró y se adaptó completamente al cuerpo de Raymundo, dándole movilidad absoluta.


Encima de este se colocó su pantalón repleto a más no poder de bolsas por todos lados, a su vez, su chaleco tenía otras seis bolsas. Raymundo tomó una segunda maleta repleta de objetos de protección, tardó casi una hora metiendo cosas dentro de las bolsas de su traje.


Su mente se detuvo cuando sintió en su costado una bolsa vacía, la palpó dos veces antes de mirar a la maleta y recordar cuando utilizó su vantablack con Pherp para ocultarse de Blazerang. 


—Aghh… — Exclamó al percatarse que por el recuerdo y la presión se había mordido la lengua.


Cerró con fuerza la bolsa y se preparó para salir, recordando antes un último pendiente que lo hizo buscar de entre la maleta una carta sellada con el logo de la OIPS, para finalmente ponerse en marcha rumbo a las oficinas centrales Organización.


Aquel letrero, con aquellas gigantescas letras que la primera vez que entró, le llamaron la atención, ahora le provocaban un vértigo que le hacía mirarse al pecho, recordando aquellas manchas de sangre seca que no podía quitar de su chaleco.


—B-buenos días — Dijo con tono apagado a la secretaria del área, ignorante de todo lo sucedido, mantenía una cara de amargura y cansancio y más cuando miró que tenía que atender a Raymundo.


—¿Nombre? — Dijo con tono seco.


—Soy Raymundo M…


—¿El de la tele? — Preguntó con duda, para después cortarse a sí misma con desinterés al pensar que esto le podría generar una conversación más larga.


—¿Qué necesitas?


—Quiero solicitar equipo — dijo sacando de una de las bolsas de su chaleco la carta que había tomado antes de salir. —Necesito recargar unas cosas y…


—Yo lo mando — respondió de forma grosera la secretaria sin dejarle terminar y arrebatándole la carta, mirándola con curiosidad y haciendo un ademán a Raymundo para que se retire.


—Gracias — respondió Raymundo ya ofendido y volteándole los ojos.


Apenas se dirigía al gigantesco tablero de tres pisos donde se registraban los reportes, cuando la secretaria le interrumpió su paso de forma abrupta.


—¡Oye! — gritó con flojera y causando eco en todo el sitio que hizo que todos voltearan a ver a Raymundo.


Este se giró y caminó de prisa con nerviosismo por la incómoda situación social en la que lo puso esta mujer, con los brazos rígidos y las piernas muy juntas, dando pasos cortos pero rápidos.


—Eres del escuadrón C — dijo mirando la pantalla de su computadora donde se encontraba el expediente de Raymundo. —¿Porqué pedirías un equipo así si ustedes no pelean? — dijo con duda teniendo la carta en mano.


—¡Es para mejora de eficiencia en búsqueda y captura! — dijo casi gritando, provocando otro eco y haciendo que los demás volteasen a verlos brevemente otra vez. 


La secretaria lo miró con desconfianza y siguió bajando la pantalla dentro de su expediente.


—Hmmm… no crea que por haber estado en una misión continental usted puede hacer lo que quiera — le dijo la secretaria con reclamo. —La voy a mandar, pero no espere que lo aprueben.


Le dijo repitiendo su ademán de retirada para volver a su computadora y minimizar el expediente de Raymundo, dejando ver el escritorio y un muy avanzado juego de solitario, el cual Raymundo observó de reojo y se percató de que a pesar de lo avanzado que se veía, la partida era imposible de continuar. 


Sus ojos regresaron a aquel enorme mural con cuatro tablones de corcho de gran altura empapados de fotografías de distintos individuos, la parte más baja de estos estaba prácticamente vacía, por lo que tuvo que subir por unas escaleras eléctricas que llegaban a un puente que conectaba cruzaba oficinas y atravesaba varias intersecciones.


Raymundo quedó impresionado una vez arriba, mirando como varios puentes se conectaban como si fueran una telaraña y dejaban que la parte central del edificio funcionase como un cruzadero de cientos de personas que se movían de un lado para otro, por al menos treinta pisos hacia arriba, donde se dejaba de ver con claridad cuantos pisos tenía el edificio en su totalidad.


—¡Hola! — interrumpió su momento un robot de color verde que Raymundo no reconoció de primeras. —Soy Rob-erto y estoy aquí para darte guía en tu selección de misiones — dijo con entusiasmo moviendo las manos.


El Robot escaneó a Raymundo y se quedó atascado por unos segundos, sus ojos mostraron estática y el temblor que le acompañaba hizo pensar a Raymundo que de alguna forma lo había descompuesto.


—Usuario: Raymundo Mata López, Dieciocho años, rango… no definido… no definido… no definido… Rango C recién definido — dijo con tono totalmente robótico, llamando especialmente la atención de Raymundo quien se sorprendió al ve que su rango había sido “Recién definido”


—La reposición de su insignia de traje ha sido solicitada, puede pasar a recogerla en — dijo con tono amigable para luego volver al tono robótico: —Tres días. — Esto le recordó a Raymundo a las contestadoras automáticas del teléfono. 


—¡Por aquí! — dijo alegremente mientras guiaba a Raymundo hasta el último tablero, que era el que más fotos tenía pegadas.


El tablero de corcho tenía cientos y cientos de fotografías borrosas de diferentes individuos que según recordaba Raymundo, eran superhéroes que en algún momento decidieron pasar a delinquir, las fotos estaban en mala calidad, sin color o simplemente con movimiento dados los orígenes de estas, arriba contaban con el nombre del super.


—Hoy hay variedad, mi recomendación para tu primera misión en tu rango es iniciar con el ya conocido PokerFace, quien ya ha escapado dos veces en este año. — le dijo Rob-erto de forma alegre.


Raymundo miró la gran pila de héroes, varios de ellos desconocidos, pero al estar en una organización que opera en todo México, asumió que la mayoría eran héroes locales de distintas ciudades y pueblos, aún así, dirigió su mirada a Poker Face.


Mirando su nombre sintió un hueco en el estómago que no pudo entender al principio, pero el mareo que esto le producía no le permitía ver nada más que su nombre, “Poker Face” y entonces tras un breve momento de tensión interna, logró recordar las palabras de Ángel cuando recién se conocieron junto con Raúl.


—Señor Mata, señor Mata, señor Mata — estaba Rob-erto replicando una y otra vez, sacando de su ligero transe a Raymundo, que lo volteó a mirar con brusquedad.


—Señor Mata, le solicito seleccione a uno de los objetivos de captura para poder asignarle la misión y su jornada laboral sea cubierta. 


—Ah si… — dijo aún algo perdido y simplemente par no pensar, tomó la foto de Poker Face y le extendió la mano a Rob-erto con la carta en mano.


El robot con sus movimientos erráticos pero una palpable emoción que hizo que Raymundo esbozara una leve sonrisa de ternura ante lo visto.


—Muy bien, el caso 00426600 fue asignado a: Raymundo Mata con el fin de detener al objetivo: Poker Face, con nombre: Desconocido y acusación del delito: Fugitivo de la Ley y Robo a Mano Armada — le dijo Rob-erto con esa combinación de tono semi natural y voz totalmente robótica, incluso tardando en decir número por número al dictarle el folio de su misión.


Raymundo asintió y con paso distraído se dirigió de nuevo para abajo, siendo guiado por Rob-erto con la misma emoción de antes, hasta una base color blanco con una luz en medio que le dio desconfianza a Raymundo, quien nomás se quedó mirando a la luz del centro.


—Adelante, este es nuestro portal de teletransporte, te dejará junto con tus compañeros de equipo para que puedan comenzar la misión — le replicó alegremente.


Raymundo quedó atónito ante esto, mirando de nuevo con mayor intensidad a la luz y sin poder dejar de recordar todo lo sucedido en Sidney.


—Rob…erto… — dijo volteándolo a ver con intriga —¿Por qué a nosotros nos mandan por esto y a los continentales los lanzan en helicópteros?


Esta pregunta llamó la atención del robot, pero al ser solo eso, comenzó con el análisis de respuesta en su cabeza. Mientras pensaba, sus ojos reflejaban ceros y unos de forma totalmente aleatoria y temblaba de nueva cuenta.


—Esa información es: Confidencial — dijo, desanimando a Raymundo, pero Rob-erto lo ignoró para continuar hablando. —Sin embargo, al estar usted con un conteo de misiones continentales de: Uno, está autorizado a saber.


Raymundo sintió una leve desesperación por el tono tan robótico de Rob-erto, pero tampoco podía enojarse del todo, pues al final, Rob-erto era literalmente un robot.


—Las misiones A, B y C están en un rango menor, por lo que se pueden ubicar en una situación segura a metros de distancia del objetivo, sin embargo, los miembros de escuadrones S y Continental, encargados de pelear contra supervillanos y superhéroes renegados requieren de mayor integración estratégica, esto incluye desde su posicionamiento inicial. — le dijo con tono natural, calmando un poco los nervios de Raymundo.


Este se paró en medio de la luz que tanto le hipnotizaba y esta arrojó un laser que atravesó a Raymundo, expandiéndose por completo y cubriéndolo de luz. Raymundo no pudo distinguir que pasaba en realidad, pero pudo percibir como su cuerpo se iluminaba de formas extrañas, teniendo sombras en partes de su brazo y una iluminación extraña. Sintiendo calor en su espalda y un viento en su cachete derecho, nada de lo que le decían sus sentidos tenía lógica.


Finalmente, apareció en el techo de un edificio, un árbol muy alto de una glorieta le daba sombra en su brazo y el sol golpeaba con fuerza, al mismo tiempo, una suave brisa le soplaba en la cara. Se percató de que todo lo que sentía, en realidad era su cuerpo transportándose en “partes” a este nuevo lugar.


Raymundo se quedó perplejo ante lo sucedido, era su primer teletransporte y verdaderamente estaba emocionado por primera vez en mucho tiempo, tanto que se permitió disfrutarlo, quedándose quieto mirando a su cuerpo y sonriendo por un instante.


—¡Muchacho, ¿te vas a quedar allí?! — gritó una muy carrasposa voz de alguien que inmediatamente se tiró a toser de forma histérica.


—Señor Vicario, ¡Respire!, ¡Respire! — le contestó una chica de cabello iridiscente, tan largo que le llegaba a los talones.


Raymundo se giró inmediatamente al ser interrumpido y con curiosidad los miró por un momento antes de que la chica del cabello extraño se girase de nuevo con Raymundo.


—Oye, no es por ser grosera, pero si sería mejor que bajes. ¿Eres de la OIPS no? ¡Soy Cyntia! — dijo mientras golpeaba con fuerza la espalda del señor Vicario.


—Ay, si jeje perdón — respondió de forma apenada antes de dejarse caer del techo que apenas tenía dos pisos.


Se acercó rápidamente con los dos que estaban ahí para ayudar al señor Vicario, un hombre calvo con unas cejas casi tan pronunciadas como su enorme bigote cuadrado, cuello demasiado grueso y una musculatura prominente que se marcaba a pesar de estar cubierto por una gruesa capa de tela brillosa.


—Muchacho, cof cof — dijo intentando respirar, agitando el brazo con fuerza, espantando a Cyntia —Al fin te nos unes, ¡Ya deja de golpearme!. — replicó con furia enrojeciendo levemente su cara.


Raymundo apenado le estiró la mano, pero Vicario estaba tan ocupado recuperando el aire que fue contestado por Cyntia.


—Bienvenido, eres… ¿Raymundo, verdad? Te vi en las noticias hace poco y… — dijo agitando demasiadas veces su mano con emoción hasta darse cuenta de la mirada de Raymundo que estaba un poco consternada.


—¡Perdón! No quise meterme en eso, supongo que fue traumático, ¿Cómo es una misión así? No mentira no digas yo… — volvió a hablar a toda prisa, pero Vicario ya se había recuperado y llegó a salvar el momento.


—¡Cyntia ya cállate por favor! — gritando con enfado a lo que la chica se cohibió a toda prisa y se escondió detrás de Raymundo.


—Ignórala, es de intercambio y no para de hablar — dijo mientras sacaba de entre sus bolsas del chaleco una cajetilla de cigarros.


—¡¿En serio se va a poner a fumar?! — contestó Cyntia con enfado, pero fue totalmente ignorada por Vicario.


—Vicario Talavera, Rango A retirado… te pedí en mi equipo porque conociste a mi hermano — dijo confundiendo totalmente a Raymundo ya que él nunca supo el nombre de aquel hombre con rostro de pirata que intentó tomarle el pulso tras despertar en medio de la masacre durante la misión en Sídney.


—Lo siento, yo… — dijo pero poco a poco mirando el rostro de aquel hombre recordó el brazo gigante de Talavera y como le dijo con emoción que Anselmo de la Torre era alguien muy poderoso.


—El sujeto con rostro de pirata… — murmuró para sí mismo pero Vicario soltó una carcajada tras escucharle, impidiendo que Raymundo se enfrascarse en sus recuerdos y también que se ruborizara al sentirse expuesto.


—Jajaja, chico ¡Siempre le dije a Antonio que se parecía al Capitán Garfio con esteroides! — dijo gritando en medio de una risa histérica, abrazando a Raymundo con fuerza.


—Jajaja, él… — dijo calmando su risa —Él siempre estuvo orgulloso de sus cicatrices, cada que le decía que se las arreglara, levantaba su pulgar y me decía que todo estaba bien. — le dijo cambiando su tono de a poco a uno más melancólico.


—Él estaba emocionado por estar en esa misión y sé que miró algo impresionante antes de… bueno… — dijo intentando aportar algo, pero Vicario simplemente le puso la mano en el hombro de forma comprensiva.


—Oigan, Si saben que Poker Face está robando una tienda ¿verdad? — interrumpió Cyntia quien los hizo voltear confirmando que en efecto, PokerFace estaba apuntando a un carnicero con una carta de Poker.


—¡Vamos! — Gritó con seriedad Vicario, dando una fumada a su cigarro antes de salir corriendo, Raymundo y Cyntia fueron detrás de él.


—Bien Raymundo, ahora que estás aquí tienes que saber que todo equipo de rangos inferiores está siempre liderado por un Rango A o superior, su misión es arrestar, la mía pelear — le explicó de forma breve a lo que Raymundo asintió con la cabeza antes de enfocarse de nuevo en PokerFace.


El carnicero estaba con una mirada de total confusión mientras PokerFace totalmente molesto le apuntaba con su carta a la mano.


—Señor, por última vez, no le entiendo — le decía con miedo y confusión.


PokerFace perdiendo la paciencia le gritaba algo parecido a “carn”, “sang” y “molid”, por su acento francés tan marcado, no se le entendía absolutamente nada y terminó gritando algo muy parecido a “¡¡¡ggggapido!!!”


—Atentos — dijo Vicario — PokerFace, héroe por tres meses y registrado ante la OIPS como villano desde hace seis años, poder de control de objetos delgados, así que tengan cuidado. — dijo de forma totalmente seria, aunque a Raymundo le distrajo el detalle de que tenía amenazados a la gente de adentro con un naipe.


—Caggne — gritaba PokerFace con rabia intentando decir “carne”, hasta que finalmente perdió la paciencia y con un ademán de tomar vuelo para lanzar el naipe, se alcanzó a percatar de que la puerta de entrada se estaba abriendo, lanzando su arma contra la persona quien entraba.


Talavera recibió el golpe en el hombro, rebotando la carta y enfureciéndose por esto, con una mirada totalmente enfadada y un enrojecimiento de rostro tan marcado que incluso su calva comenzó a brillar en rojo.


—¡PokerFace, quedas arrestado! — gritó Cyntia con autoridad pero PokerFace sonrió con malicia, haciendo que la chica sintiera un miedo profundo que reflejó en su mirada.


—OIPS, ustedes otra vez, ¡no podrán detenerme! — gritó, pero nadie le entendió.


Aún así Vicario tiró la mitad de su cigarro al piso y se abalanzó contra el villano comenzando un combate del cual el calvo llevaba la delantera, acertando dos golpes que dejaron aturdido a PokerFace.


El villano miró todo duplicado por un momento, yéndose hacia atrás hasta que sintió la mano de Vicario tomándole del saco que siempre traía consigo, fue entonces que reaccionó y estirando su mano, provocó que la hoja de la rebanadora se saliera de su sitio arrojándola contra Vicario.


Este se empujó hacia atrás dejando caer a PokerFace y tomando ventaja de la distancia, poniéndose de pie rápidamente y sacando del bolsillo interior de su saco una carta que arrojó contra Cyntia, quien permanecía inmóvil observando.


Raymundo miró esto y vio como Cyntia también había reaccionado, más no se movía, solo se quedó frente al naipe como si pensara que todo había terminado. Miró en sus ojos a sí mismo cuando recién había caído en los techos de la ahora colonia destruida de la noche de Sidney.


Recordó cómo el único que lo había protegido era Pherp y cómo se sacrificó por él, por lo que tomó el paso a la acción y se puso enfrente de ella de forma inconsciente, haciendo de escudo humano y esperando el impacto, el cual nunca llegó.


Apenas había reaccionado a lo que había hecho, cuando abrió los ojos y miró que Talavera se había puesto frente a Raymundo y había recibido el naipe, el cual esta vez sí había quedado clavado en el chaleco. PokerFace lo miró con arrogancia, sonriendo y haciendo enfurecer más a Vicario.


Sin intercambiar palabras, Vicario se terminó percatando que la sonrisa de PokerFace no era en vano, pues apenas agachó la mirada, se percató que los diamantes de la carta K, brillaban repetidamente y de repente “¡Boom!”, explotó, haciendo que salga volando por la ventana, levantándose aturdido.


PokerFace también salió por la ventana tratando de huir, pero siendo tacleado por Raymundo que se abalanzó apenas lo vio correr.


—¡Cyntia! — gritó con apuro —Trae las esposas… — dijo inmovilizado con todas sus fuerzas al villano.


Cyntia, quien aún permanecía inmóvil hasta ese punto, asintió con miedo y corrió para colocarle las esposas y declararlo finalmente arrestado.


—Y-ya está — dijo con miedo antes de retirarse como si de un animal muerto se tratase.


Raymundo lo miró con seriedad mientras también se levantaba y pensaba en lo sucedido, en cómo ella se quedó paralizada desde el primer momento en que la violencia comenzó y en su mente no paraba de recordar aquel momento en el que fue rescatado por Pherp.


—¡Se puede saber qué es esto! — gritó Vicario con rabia.


—¿Ah? — respondió con duda Raymundo, espero antes de que pudiera girarse completamente a Vicario, este lo tomó del chaleco con fuerza.


—Te dije, ¡Mi misión es pelear, la suya arrestar! — Esto último encendió la mecha confrontativa en Raymundo quien no dudó mucho en responder.


—¿Y qué se supone que hicimos? ¿Qué esperaba que hiciéramos? — dijo con enfado.


—¡No interponerse en los ataques del enemigo, porque podrían salir lastimados ni mucho menos confrontarlo directamente!


Esto desconcertó totalmente a Raymundo, quien volteó a ver a Cyntia, pero esta también estaba paralizada por el miedo.


—¡Señor Vicario! — Intentó gritar pero salió más bien un sonido ahogado. —Raymundo intentaba salvarme, él no…


—Él no debería arriesgarse tanto. — terminó la oración Talavera mirándola a los ojos con seriedad, para después girarse de nuevo con Raymundo.


—Y tú, señor Mata, si querías jugar al héroe en la OIPS, hubieras pensado en esforzarte más para entrar en el escuadrón A o algo — le dijo de forma más calmada pero con tono hostil.


Raymundo le sostuvo la mirada hasta el final, por ese momento pensó en que nada le importaba y que su enfado estaba totalmente justificado al ser él quien había corrido a salvar a Cyntia dos veces en lo que realmente fue una pelea de unos dos minutos.


—Misión cumplida — dijo Raymundo de forma rebelde sin dejar de sostenerle la mirada y comenzando a caminar de regreso a la panadería para sentarse en la entrada con mirada de enfado.


—Señor Vicario, yo… perdón — dijo apenada Cyntia agachando la mirada.


—Ese muchacho… — respondió con rabia Vicario —Tiene muchas cosas reprimidas — cerró con tono ya más calmado, tomando a PokerFace del suelo con una sola mano y avanzando activando su comunicador para informar que la misión había sido completada.


Todos fueron teletransportados a la central de la OIPS mientras todos avanzaban en equipo, Raymundo y Vicario se arrojaban miradas de enfado cada tanto mientras llegaban con la secretaria.


—Solicito acceso a las celdas preventivas, traemos al favorito de la agencia — dijo la secretaria quien disimulaba trabajar, pero Raymundo ya se había percatado de que estaba intentando arreglar su partida de solitario antes de abrir una hoja de cálculo.


—Está abierta — dijo de forma seca sin voltear a mirar. 



Vicario avanzó hacia un pasillo, deteniéndose en la entrada y girándose hacia los chicos de su equipo, enfocándose en Raymundo.


—Pueden irse a casa, por hoy terminamos — y se metió al pasillo empujando a PokerFace quien gritaba insultos en francés que no entendían.


Raymundo avanzó hacia la salida, percatándose que su teléfono vibró por un momento, por lo que se detuvo a sacarlo, mirando en su pantalla una notificación de su banco, con un pago de quinientos pesos.


—Quinientos… si hay diferencia entre los escuadrones. — dijo recordando la exagerada cantidad que dejó en su casa en manos de su mamá por la misión continental.


Raymundo regresó a su pequeño departamento, sin saber que sentir. Estaba confundido por el regaño, pero algo en el fondo, le decía que había hecho lo correcto; otra parte de sí mismo le recordaba todas sus clases dentro de la OIPS y el cómo se hacía énfasis en no pelear si no era necesario.


Se recostó en su cama y miró a través de su ventana con un sentimiento de no saber si pertenecía aún al escuadrón C o si algo dentro de él había cambiado desde aquella misión en donde se vio tan obligado a confrontar todos los miedos que puede vivir una persona. Su pensamiento fue finalmente interrumpido en el instante en que alguien tocó la puerta.


Ya era noche, pero aún así era posible que haya olvidado algo dentro de las oficinas de la OIPS, al final estaba en un edificio departamental que la misma organización utilizaba para sus propios miembros, por lo que asumió que algo tendría que ver con su trabajo.


Abrió la puerta y miró ahí a Cyntia, quien estaba en ropas holgadas, casi en pijamas y una mirada de pena que no le dejaba mirarlo a los ojos.


—¿Puedo pasar? Necesito hablar contigo.

Fin.